Ruta 0100

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Ruta.- 0100 Anzánigo ,Bernués, refugio parador de Peña Oroel



Ruta 0100.-  Anzánigo, Bernués, Parador de Peña Oroel.

La ruta de hoy la dedico a Mariano Belenquer, que regenta el refugio parador de Peña Oroel.

El día 20 de febrero de 2013  llego a Anzánigo con un total de 8003 kilómetros.
La población oscense de Anzánigo es un Lugar de Caldearenas, que sitúa su caserío a  594 metros de altitud, en la Galliguera, o valle del río Gállego, en el punto en el que desagua en el mismo el arroyo de Bernués. En 1972, el antiguo municipio de Anzánigo fue disgregado: la mayor parte se incorporó a Caldearenas (casi todo su término), a excepción del núcleo de Centenero y su término, que pasó a formar parte del término municipal de Las Peñas de Riglos. Contaba con 109 habitantes, en 1980,  y 53 habitantes en 1991.Cuenta con central eléctrica y una sola tienda de comestibles.
El río Gállego amansa sus aguas bravas  cerca de este tranquilo pueblo  entre los arcos de un restaurado puente medieval. Precisamente para entrar en su casco urbano debo cruzar el río Gállego por su bello puente de orígenes medievales (siglo XIII), considerado uno de los más emblemáticos del área occidental altoaragonesa por su esbelta  traza arquitectónica. Formalmente presenta una estructura levantada con buenos sillares de piedra en la que se abren cinco grandes arcos de desigual luz, siendo el central el de mayores dimensiones. Todos ellos apoyan en sendos pilares con tajamares triangulares aguas arriba que desvían la fuerza del agua, sobre estos apoyos se extiende una ancha calzada que, si bien en origen presentaba un marcado perfil alomado típicamente medieval, con el tiempo se modificó recreciendo en altura los extremos consiguiendo el aspecto plano actual.
Para sufragar los cuantiosos gastos que suponían la construcción y mantenimiento de un puente, se instauró el pago de una tasa por el uso del mismo conocida como “peaje o iezda”. Este impuesto recaía en las clases más bajas, mercaderes y arrieros extranjeros, quedando libres las clases privilegiadas y la población de la localidad en el que se situaba el paso. En Anzánigo frente a la iglesia, se encuentra la casa del Conde de Atarés, de quien dependía el cobro de dicho impuesto. Algunos escritos arrojan cuales eran las tarifas de los pontajes establecidas en el territorio aragonés. De media se pagaba un óbolo por persona, el doble por jinete y cuatro óbolos por cabeza de ganado menor. El óbolo era una pequeña moneda de plata y aleación cuyo valor fue variando durante toda la Edad Media.

Allá donde había un puente rápidamente aparecía una posada, un pueblo donde confluían los peregrinos de muy diferentes lugares. La ruta jacobea, impulsada desde la primera capital del reino de Aragón, Jaca, hizo de los Pirineos un cruce de caminos y conocimientos  que permitió la difusión  de nuevas corrientes de pensamiento, últimas técnicas para la construcción de fortalezas y templos o  respuestas espirituales en los numerosos monasterios que jalonan sus caminos,  como el de San Juan de la Peña o el de Santa Cruz de la Serós.
En el límite de la Comarca Alto Gállego y a la sombra de la sierra de Santa Isabel, pervive Anzánigo apartado de rutas turísticas más conocidas. Cuesta creer que este pequeño pueblo que dista 28 kilómetros de Jaca fue en la antigüedad la ruta seguida por todos los viajeros, hasta que la montaña se perforó para construir el túnel de Monrepós y se acondicionó el puerto de Santa Bárbara.
Y así quedó este precioso valle: aislado entre las poblaciones de Jaca o de la cercana Sabiñánigo, que atraían con sus nuevas industrias y servicios de turismo a los moradores de estas antiguas tierras. El cercano pantano de la Peña,  el empleo deportivo de las aguas del Gállego,  y un incipiente interés por rutas culturales que muestran un patrimonio único como es el de las iglesias mozárabes, aseguran su posición preferente en destinos turísticos que eligen  el retiro de un pueblo donde se detuvo el tiempo pero que a su vez dispone de una amplia y cómoda red de servicios en próximos núcleos urbanos.  
Las calles son abiertas y sus balcones amplios. Lejos aún quedan las laberínticas callejuelas de pueblos de montaña con sus ventanucos mínimos para proteger del frío. Hay viejas casonas de piedra encalada y escudo enmarcado sobre el portón. Las chimeneas (chaminera en aragonés) con su terminación troncónica y con el típico espantabrujas adornan los tejados.
Se acercan por el lugar viajeros preguntando si permanece abierta la posada de Sebastián Pardos, donde acudió herido el general Lasheras después de esconderse en la ermita de la Virgen de Izarbe. Quizás el general, gobernador civil de Huesca en 1930, hubiera cambiado el curso de la historia si cuando acudió él sólo con su escolta a detener la columna motorizada del Capitán Galán, sublevado en Jaca y avanzando hacia Huesca, le hubiera convencido para renunciar a su fatídica empresa.
A orillas del río Gállego se remansa el paisaje de chopos y ribera. El pueblo reposa en el llano, el puente aguarda los torrentes de desconocidos barrancos. Aconseja el silencio perderse por estos parajes de verdadero encanto. Cerca, una ermita reúne a las gentes de otras tierras que eligieron como se había de llamar el pueblo. Es la ermita de Izarbe,  que la tradición oral cuenta que manaban de sus caños aceite. El nombre, Izarbe,  proviene del vasco con el significado de “bajo las estrellas”.
Celebra sus fiestas el 5 de febrero, Santa Águeda, pero antes, el 20 de enero, también se cumple con la tradición de San Sebastián.
Terminada mi visita a Anzánigo, parto por la carretera A-1205 que empieza a ascender en dirección norte, siguiendo el curso del arroyo de Bernués, pasaré por Bernués, el puerto de Oroel a pie de Peña Oroel y la masía de Larbesa, prosiguiendo hasta Jaca.
En el kilómetro 4,83 fotografío a mi izquierda de la carretera, “La Venta del Zapo, con un perro que no deja un solo instante de ladrarme.

En el kilómetro 6,09 dejo la Comarca del Alto Gállego para entrar en la Comarca de la Jacetania

En el kilómetro 6,30 a mi izquierda de la marcha, paso por el desvío a las localidades de Ena y Centenera, que distan 6 y 5 kilómetros respectivamente.

En el kilómetro 6,52 a la derecha de la marcha, paso por el desvío a las localidades de Caldearenas  y Javierrelatre, que distan 13 y 9 kilómetros respectivamente. Desde este punto Anzánigo queda a 5 kilómetros.

En el kilómetro 9,90 paso por “La Pardina de La Carrosa” situada a la izquierda de la marcha.

En el kilómetro 10,90 aproximadamente, desde la carretera diviso, en una curva hacia la izquierda diviso un gran salto de agua. Apoyo la bicicleta en las barreras de la carretera y desciendo por el talud hasta el fondo del barranco, con bastante dificultad, pero el esfuerzo mereció la pena. Las fotografías lo dicen todo, y eso que la maleza me impedía tomar un ángulo mejor.

En el kilómetro 14,40  llego a Bernués.
Bernués está emplazado en una colina a 917 metros de altitud sobre el antiguo camino real de Zaragoza a Jaca, en un terreno de orografía accidentada de la subcomarca de Soduruel (al sur de Peña Oroel y de la Sierra de San Juan de la Peña). Formó municipio hasta su incorporación al de Jaca en 1964. El fogaje (censo de 1495) le daba 8 fuegos y no superó las 60 almas hasta comienzos del siglo XIX. En 1857 tenía 313 habitantes y un centenar más vivía en su término (El Molino de Joaquín Lacosta, pardinas de La Carrosa, Lorés y Osán, y dos colmenares). Había 62 en 1970 y en 2003 contaba con 25.
Bernués aparece muy tempranamente en la documentación medieval. A comienzos del siglo IX, reinando Sancho III el Mayor, se entregó al monasterio de San Juan de la Peña, al que también varios particulares donaron propiedades, como en el año 1046 hizo Jimeno, abad de Bernués (y de Baragüás). Entre las que San Juan de la Peña tenía Bernués estaba el antiguo monasterio de Santo Tomás, convertido en uno de sus prioratos, que fue cedido en 1079 a las monjas de Santa Cruz de la Serós a cambio del cenobio de San Juan de Veía. En algún momento indeterminado debió de ocurrir algo similar con Bernués pues en 1610 figura como propiedad de las monjas benedictinas de Jaca.
La Iglesia parroquial de San Martín de Tours es un edificio barroco de planta rectangular con los muros revestidos interiormente por estucos policromados que enmascaran lo humilde de su fábrica. Contribuyen a ello los retablos de sus capillas, de los siglos XVII y XVIII, y especialmente el retablo mayor dedicado a la Asunción. Sobre la portada de acceso se encuentran los restos de un crismón románico de procedencia desconocida. Podría provenir de una iglesia anterior o bien de la ermita de San Alejandro, situada al pie del monte Larraín, hoy en ruinas. De ella procede una talla medieval con la efigie del santo.
Bernués es un típico ejemplo de pueblo calle, la vía principal es la calle dedicada a Don José Fatás (1837-1912), profesor y catedrático de Derecho nacido en Bernués. El casco urbano conserva notables muestras de arquitectura doméstica, como Casa Bisús, casa infanzona del siglo XVII, o Casa Gairín, del siglo XVIII. La mayoría de los edificios tienen tejados de losas extraídas de la cercana pardina de Osán. Son abundantes las chimeneas troncónicas y muchas casas aún conservan patios solados con cantos, bodegas, pilas de aceite, fresqueras, majaderías, ceniceros y cocinas con “fogaril” y cadieras. Muy espaciosa es la cocina de Casa Bisús, con un banco para los sirvientes que podía vigilarse desde una ventana del dormitorio de los señores. Algunos nombres de casas son: Agustina, Andrés, Antón, Bernabé, Catalina, Faustino, Jacobo, Justo, Lucas, Marianico, Martín, Juán, Matías, Gairín, Jericó, Pardo, Ricarte, Viñau, Bailo, Bisecas, Zaragozano….
Edificio singular es la cárcel, con pasadizo en arco abierto en su fachada. El cartel de “cárcel pública” y una pequeña ventana  con recia barra de hierro delatan su antiguo uso. Fuera de la población, junto a un sencillo puente que cruza el barranco del río Moro, permanecen aún en pie las casas del Molino.
Las fiestas mayores se celebran el 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen, aunque antiguamente honraban a su patrón, San Martín de Tours. Las fiestas pequeñas tienen lugar el 11 de Junio en honor a San Alejandro. Antaño era costumbre ir este día en romería hasta su ermita, así como el 20 de enero festividad de San Sebastián. Participa en la romería del Voto de San Indalecio que se celebra un domingo de la primera quincena de Junio.

En el kilómetro 21,42 poco antes de coronar el puerto fotografío lo que queda de “La Venta Gabardiella”, situada junto a la carretera y a la izquierda de la marcha. En este punto estoy a una altitud de 1.046 metros aproximadamente.

En el kilómetro 24 corono “El Puerto de Oroel” de 1080 metros de altitud.

En el kilómetro  26,25 tomo por la derecha la pista forestal que se dirige hacia El refugio parador de Peña Oroel. La pista discurre por la  umbría de la cara norte y esto se nota en la temperatura y en su vegetación, formada por pino silvestre, boj,  etec que da una sensación de humedad. Solo hay que ver la cantidad de nieve acumulada en esta parte.


En el kilómetro 28,94 llego al refugio parador de Peña Oroel, situado a 1186 metros de altitud. Las vistas desde aquí son impresionantes. Los macizos pirenaicos aragoneses colmados de nieve, y más cercano en un día como hoy se ve a la izquierda la Canal de Berdún, Jaca y “la Val Ancha” y La Val Estrecha” y detrás de mi la omnipresente figura de la cara norte de  “La Peña Oroel” en su vertiente más  escarpada y sombría, donde la alta humedad ha permitido que en la parte más elevada del monte hayan quedado recluidos abetos y hayas a modo de isla bioclimática. Este gran navío está constituido por materiales muy resistentes que permanecieron “intactos” debido a la erosión diferencial del terreno. A sus pies, un gran espacio de suave relieve nos abre al horizonte de Serrablo y la Jacetania. Esta llanura ha sido un corredor entre las altas sierras interiores y las exteriores, en la que se diferencian sinuosas cuencas, que en la toponimia del lugar reciben el nombre de vals. Así, a oriente observamos la Val estrecha y la Val Ancha, separadas entre si por la curiosa, alargada y rectilínea formación de los Capitiellos. Frente a grandes cumbres pirenáicas como Collarada, dominamos lo que a lo largo de la Historia ha constituido un potente corredor para los flujos humanos y de mercancías (ejércitos, peregrinos del Camino de Santiago, ganados trashumantes, carreteras, ferrocarril, etec.); un enclave estratégico que hizo de Jaca , situada bajo nosotros, la localidad más floreciente del Pirineo Aragonés. La situación dominante de esta montaña sobre el terreno lo ha convertido en símbolo religioso y cultural, como ocurre con San Juan de la Peña, y dentro del nacimiento del reino de Aragón. Este valor queda reflejado en la romería a la Virgen de la Cueva y en el primer viernes de mayo, cuando en esta montaña se deja escuchar el eco del estribillo del himno de Jaca que dice” Jaca libre sabe vivir a la sombra del Monte Oroel”.
En el parador repongo fuerzas. El parador está equipado para todo lo necesario y el restaurante  es muy acogedor y bien surtido para lo que nos gusta comer bien. Está regentado por Mariano Belenquer, persona amable y simpática donde los haya. Entablamos una conversación sobre los rincones tan bonitos que hay en Aragón y que son desconocidos para la mayoría de los aragoneses.
El teléfono del parador es el 650380819 o 974 348059.
Una vez disfrutado del entorno y la compañía de Mariano inicio el viaje de regreso a Anzánigo al que llego con un recorrido parcial total de 55,54 kilómetros.

Las fotografías aparecen por orden de ruta.

Serafín Martín.

Fuentes propias y:


www.huesca.com/anzánigo  

wikipedia.org
www.enciclopedia-aragonesa.com



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