CA60.-Ágreda, Pozo las Truchas, cañón del Val, Los Fayos.
Esta ruta ya la hice el 30 de diciembre de 2020 con mis amigos Jesús y Rubén, desde los Fayos hasta el Pozo las Truchas y regreso a los Fayos. Entonces la hicimos circular de 20,3 kilómetros,
La de hoy 19 de abril de 2026 es lineal.
18,97 kilómetros recorridos
147 metros de desnivel
La caminata de hoy comienza en La Villa
de Ágreda, en la provincia de Soria, situada en el extremo este de Castilla y
León, con Aragón, Navarra y La Rioja, con las cuales limita.
Situada en un lugar estratégico, entre la depresión del Ebro y la meseta
Castellana, ofrece un paso inmejorable en el sistema Ibérico, bordeando el
Moncayo. Por ello, Ágreda se convirtió desde tiempos inmemoriales en un lugar de
paso por el que discurrieron las culturas y civilizaciones que fueron
protagonistas de la historia en cada momento.
Ágreda se sitúa en las faldas del monte Moncayo (pico más alto del sistema
Ibérico), a una altitud de 929 m., y más concretamente, en el valle del río
Queiles, que mana en los Ojillos del Parque de la Dehesa. Sus orígenes, como
sucede con tantas otras ciudades, son legendarios: Caco, arrojado por Hércules
desde el Moncayo, vino a refugiarse y llorar sus penas aquí antes de partir
hacia Italia, según cuenta la suma de la coronita y blasón de armas y pendón de
la Villa de Ágreda del año 1460.
Edificada sobre un terreno irregular, tuvo su origen en el barranco de la Muela,
zona estratégica y fácilmente defendible. Se han localizado restos celtibéricos
en el municipio, pero los testimonios más firmes de población como tal se
remontan a la época emiral, en torno al S. IX.
Fue reconquistada por Alfonso I el Batallador en 1118 y repoblada en época de
Alfonso VII con gentes de poblaciones de la serranía Soriana: Yanguas, San Pedro
Manrique y Magaña. Todos los reyes castellanos del Medievo otorgaron numerosos
privilegios a la Villa, por mantenerse fiel a ellos en detrimento de los otros
reinos limítrofes. Prueba de ello es que Ágreda gozara de fuero propio,
concedido por Alfonso X el 27 de marzo de 1260, durante toda la Edad Media.
La Villa se configura como lugar de convivencia pacífica de tres culturas:
árabe, judía y cristiana, que perdura hasta 1492 con el decreto de expulsión de
los judíos por los Reyes Católicos.
A lo largo de la Edad Media, su posición fronteriza la convirtió en escenario de
bodas reales, pactos, reuniones y acuartelamientos. Herencia del pasado es el
importantísimo y vasto legado cultural y artístico que hoy constituye el
patrimonio de Ágreda. Los árabes levantaron fortificaciones de las que quedan
restos de murallas y dos puertas de época emiral. Las calles que configuran la
judería conservan su trazado original. Los cristianos dejaron su impronta en los
numerosos edificios religiosos y civiles. A partir del siglo XVI su decadencia
como plaza fuerte hace que la Villa quede relegada, hasta que la figura de Sor
Mª de Jesús le devuelva el protagonismo de otros tiempos. Esta religiosa
concepcionista se convirtió en una de las mujeres más influyentes y relevantes
del s. XVII, como lo pone de manifiesto la relación epistolar que, como
consejera, mantuvo durante más de veinte años con el rey Felipe IV. Su
personalidad literaria se plasmó en su obra fundamental La Mística Ciudad de
Dios. Símbolo y recuerdo de esos tiempos es el traje español del s. XVII que
visten tradicionalmente los Cofrades de la Vera Cruz, en la procesión del Santo
Entierro de Semana Santa.
En el kilómetro 7 llegamos a la Cascada del Pozo de las Truchas. Un lugar de gran belleza: el pozo de las Truchas, con una cascada entre rocas de toba que merece la pena conocer, conocido como Pozo de las Truchas. Las aguas de la vertiente del Moncayo y de las sierras del Tablado y Toranzo, confluyen en la fosa de Beratón surcada por el río Araviana, afluente del Duero. Los aportes procedentes del deshielo y lluvias fluyen en su superficie sobre los macizos elevados formados por rocas impermeables y cuando llegan al valle se inflitran en su mayoría en las calizas y dolomías permeables. A través de un complejo sistema subterráneo de cuevas y galerías, como si de un “queso gruyere” se tratase, el agua se almacena y fluye en interior, descargando fuentes o manantiales en la franja de conexión de las rocas permeables con las impermeables.
No solo destaca este bello elemento del río por su fuerte sonido en primavera y por el frescor del ambiente que genera. Las rocas rezuman tres cubiertas de musgos y de helechos como el cujantrillo de pozo (Adiantus Capilluus veneris) constituyen un hábitat de interés prioritario en el Anexo I de la Directiva Europea 92/43/CEE denominado “Manantiales petrificantes con formación de tuf”, muy raro y escaso, y quizás el más valioso de todo el conjunto del entorno del Val y del Moncayo. Esta denominación se refiere a la formación de rocas de toba por procesos biológicos en los que intervienen los musgos.
La caminata por el Cañón del Val es una gozada para los sentidos El carácter angosto del barranco, unido al denso dosel de copas de chopos y de otros árboles riparios dificulta la entrada de luz, lo que condiciona el tipo de vegetación herbácea. En las aguas rápidas y poco profundas crecen plantas que enraízan en el fondo como el apio loco y el berro, ambas muy similares, aunque la primera muy venenosa y letal y la segunda comestible. En ambos márgenes del cauce aparecen con cierta frecuencia grandes hierbas como la hierba de San Antonio, el malvavisco o la escrofularia. Zarzamoras y rosales silvestres, se alternan en las orillas con enredaderas como la hiedra, el lúpulo , la correhuela mayor o la clemátide, entre otras.
La vegetación arbórea de ribera está constituida principalmente por chopos negros entre los que se alternan de forma esporádica avellanos, fresnos, nogales naturalizados, además de otras especies de antiguas plantaciones dispersas por la ribera del Val. El acusado relieve del barranco rodeado de grandes formaciones rocosas y la densa vegetación que crece en la orillas del río Val hacen de este lugar un excelente refugio para un buen número de especies animales.
En los cortados calizos tiene su feudo el buitre leonado junto con otras aves de menor tamaño como el alimoche o el halcón peregrino. También son representativas y de gran importancia el águila real y perdicera. Pendiente de todo lo que pasa por la corriente del río podemos observar la lavandera cascadeña. El ruiseñor bastardo nos sorprenderá con su potente canto y con un poco de suerte quizás podamos ver a la oropéndola, con su llamativo plumaje amarillo o escuchar el incansable trabajo de los pájaros carpinteros como el pito real. Otras aves como el mito, la curruca capirotada o la curruca mosquitera tienen en este bosque de ribera su zona de cría y fuente de alimento. La frescura y el abrigo que proporciona el cañón son aprovechados por los grandes mamíferos. Corzos ciervos y, jabalíes encuentran alimento y tranquilidad en el entorno del río. El zorro también está presente en el Val, recorriendo y olfateando incansable cada rincón del barranco.
La localidad de los Fayos en la comarca de Tarazona y el Moncayo, está dominada por la presa, de forma escalonada, que tiene una altura de unos 96 metros y permite almacenar alrededor de 28 hectómetros cúbicos de agua. Construida en 1997, desde que terminó de llenarse en 2003, la obra ha sido cuestionada por distintos colectivos, debido a su limitada utilidad y al elevado riesgo que asumen las localidades situadas aguas abajo, en el caso de que se produjeran daños en su estructura. Su muro contiene las aguas de los ríos Queiles y Val formando el pantano del Val.
Las fotografías aparecen por orden de ruta .
Serafín Martín.
Fuentes propias y.