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Ruta 23.- Ayerbe, Lobarre, Castillo de Marcuello, Mirador de los Buitres, Riglos.

 

El 1 de Abril de 2006 salgo de Ayerbe con la intención de ir al mirador de los buitres.

Antes visito la bonita ciudad de Ayerbe.

Entre las sierras de Lobarre y de Luna y el embalse de La Sotonera, sobre el cauce medio del Gállego se extiende  La Val de Ayerbe ocupa la franja nor-occidental de esta región geográfica, un territorio que se limita con la Jacetania al Norte, las Cinco Villas por el Oeste, la Sotonera al Este y los llanos de la Violada por el Sur El paso de las sierras Exteriores a la Depresión del Ebro se realiza de una manera brusca, pues tiene lugar a través de una masa conglomerática con escarpes verticales, conocida con el nombre de "mallos", de gran belleza paisajística y un gran atractivo alpinista, pues no en vano han sido desde hace años la primera escuela de escalada de Aragón. Estos conglomerados proceden de la fuerte erosión provocada por el levantamiento de las Sierras Exteriores y el hundimiento de la Depresión del Ebro. Al pie de estas grandes masas pétreas se han desarrollado unos glacis de fuerte pendiente que al Sur se suavizan y empalman con la llanura por medio de una red de barrancos: San Julián, San Pablo, Vadiello, Vardaringo, Vallipuerto siendo la ciudad de Ayerbe su capital, dominada por los restos del castillo y famosa desde la Edad Media por sus ferias y mercados. El territorio es de poblamiento muy antiguo, fue habitado por los celtas suesetanos, vascones, iberos ilergetes, romanos y musulmanes, de los que ha quedado un rico patrimonio.

La Villa de Ayerbe  con Ayuntamiento propio , incluye las entidades de Fontellas y Losanglis, con 1142 Habitantes. Su conjunto urbano se aglutina al pie de una fortaleza que se documenta como castillo en la 'Crónica de al-Razi' del siglo X, Cuando Sancho el Mayor fortificó la salida del río Gállego y puso guarniciones en Agüero y Loarre, los musulmanes establecieron aquí una guarnición para vigilar los movimientos de los guerreros cristianos. Quedando los restos de la fortaleza medieval con iglesia en lo que se ha denominado por los naturales como "Los Muros”. Fue reconquistado por Sancho Ramírez en 1083, y cobró importancia tras la conquista de Zaragoza como lugar de abastecimiento en el camino con los Pirineos. Alfonso I creó entonces una nueva población en un terreno más llano.
Destaca la ermita de San Miguel del Siglo XII sobre ese crestón que domina la villa. Tiene restos de la primitiva ermita de estilo románico, ha sido remozada en sucesivas ocasiones, efectuándose la última en el año 2000.Situada junto al castillo de Ayerbe, puede contemplarse desde su emplazamiento una gran panorámica del paso de las Sierras a la Depresión del Ebro. Abajo, en el casco urbano, sobresale la torre románica de San Pedro único resto de la antigua iglesia parroquial de extraordinaria factura románica. Del Siglo XII que fue declarada Monumento Histórico Artístico, debido a su construcción e interesantes detalles decorativos, este campanal esta todavía en uso, consta de dos plantas con amplios ventanales y alberga en su interior, bajo torre, interesantes pinturas murales aragonesas del siglo XVI.

 Su templo parroquial, antiguo convento de domínicos, está dedicado a San Pedro y es obra del s. XVI con añadidos del XVII y XIX, con una portada muy interesante que responde a la adaptación que se hizo para la iglesia parroquial en 1854. Nave con cinco tramos y capilla poligonal. Su decoración interior es con pilastras y cornisa de inspiración en el orden Jónico, albergando la talla románica del s. XII de Ntra Sra de Casbas, el Cristo de Sayetas, Conserva en su interior el panteón de los Urriés de 1615 a cuyo cargo se construyó el templo. Separando las dos grandes plazas que posee su conjunto urbano, una torre civil con reloj, obra de 1798 para albergar el reloj del Concejo, es de estilo Barroco, fue construida con materiales de la desaparecida iglesia de Nuestra Señora de Soterrado y separa las dos grandes plazas que posee el conjunto urbano. El palacio de los Urriés, construido por Don Hugo de Urriés y su esposa Greyda de Lanuza Marqueses de Ayerbe en tiempos del emperador Carlos I, acabado en el siglo XVI, palacio renacentista que constituye una pieza capital de la arquitectura civil aragonesa. En la  calle nueva número 19 se encuentra la casa que habitó el premio Nobel español Ramón y Cajal, que se ha convertido en  un Centro de Interpretación de su vida y obra. Cuenta además con la Ermita de Santa Lucía, románica del s. XII; Ermita de San Pablo, obra popular;  Ermita santuario de Ntra Sra de Casbas, obra del s. XVII, donde se han encontrado lápidas romanas, esta decorada su interior con interesantes pinturas que la elevan a la categoría de Capilla Sixtina del Alto Aragón. Son famosas sus tortas y la artesanía del botero Castán.

Desde aquí tomo la carretera que se dirige hacia “Las Tres Sierras”  Loarre, Caballera y Gratal, que lleva a  Lobarre por una buena carretera, pasaremos por la estación del ferrocarril y enseguida aparecen los almendros que están en flor y verdor por todas partes debido a la ansiada lluvia. Llego a Lobarre Villa de la prov. de Huesca. Situada en las sierras exteriores pirenaicas, al pie de la sierra de su nombre, a 773 metros  de altura. Con una Población en 1998, de 396 habitantes; en 1978, 492 habitantes; en 1950, 1.416 hab.; en 1900, 2.523 hab. Comprende las entidades de población de Linás de Marcuello, Santa Engracia y Sarsamarcuello. El pueblo actual de Lobarre se inició como aldea del castillo, llamada San Esteban de la Huerta. A medida que el castillo fue perdiendo importancia, aumentó la de la población asentada abajo, hasta adquirir personalidad propia. La villa de Loarre fue conquistada el año 1070 por el rey Sancho Ramírez, que reedificó el castillo y erigió una capilla real con monasterio, el cual pasó a depender de Montearagón. Un año más tarde, en 1071, el Papa Alejandro II lo tomó bajo su protección. La iglesia parroquial fue inaugurada el día 15 de mayo de 1505, según consta en los documentos de la época. En las cercanías de la población se encuentra la ermita de Santa Águeda, de estilo románico. En 1505, Loarre se sintió independiente de su castillo. Tiene los títulos de «Noble y Antiquísima villa». El casco urbano se ve muy cuidado. Lo primero que me encuentro es una magnífica Cruz de Término de estilo gótico del Siglo XVI, compuesta por tres gradas en círculo sobre las que apoya el plinto con cabezas zoomorfas en las esquinas y escudo con las barras de Aragón. La caña es de sección octogonal y se remata con la cruz, también de piedra, en el anverso tiene la imagen de la virgen con el niño y en el reverso un crucifijo. Sin embargo esta cruz esta casi tapada por unas señales e indicadores de todo tipo horrorosos que no dejan casi verla, desde aquí un tirón de orejas para el ayuntamiento de Lobarre.

 Hay edificios notables. Destaca el dedicado a Ayuntamiento o casa del Concejo Municipal, en la plaza fechada en 1573, de estilo aragonés, con pórtico arquibertrado en la planta baja, se trata de un palacio de estilo renacentista aragonés, con fachada de ladrillo visto y coronada por galería de arquillos aragoneses, y sobre estos alero volado que es soportado por canecillos de madera tallada, su acceso se hace por una portada de arco de medio punto formado por dóvelas sin ornamentación ,este edificio preside una hermosa plaza con su fuente correspondiente, construida en 1552 por Choaquín Aísa, fue construida en sillares con los que forma un grueso muro en el cual se abre un arco rebajado albergando tres caños y la pila, sobre el muro, una lápida con signos jeroglíficos y la fecha de 1552. Se completa con un muro perpendicular, en el que apoya un banco. Sin embargo es difícil apreciar el conjunto cuando los vehículos invaden la fuente la plaza y los jardines en resumen un desastre para el viajero que quiere llevarse una fotografía de este lugar ya que es imposible, que no salga un coche por en medio, los coches campan a sus anchas. El centro de su caserío es la plaza principal, de la que parten en disposición radial, seis calles de distintas pendientes y formando recodos, algunas ciegas y cruzadas por viviendas-puente.

La importancia de Loarre se centra, pese a todo, en su imponente y majestuoso castillo roquero. Su Iglesia parroquial terminada en 1733 en sillería , de planta de salón de seis tramos con acapillas laterales comunicadas entre sí, completando dos de ellas el trazado del crucero .Esta nave queda cubierta con bóveda vaída en el crucero , elíptica rebajada sobre las pechinas en el tramo de los pies y de lunetos en los demás tramos. Las capillas laterales tiene bóvedas de arista  y prolongando el brazo del crucero. Se accede a ella por una entrada adintelada entre pilastras resaltadas que sostienen un entablamiento en el que dentro de una hornacina se encuentra la imagen de San Esteban. Esta entrada esta protegida con un pórtico abierto al frente con tres arcos de medio punto de ladrillos sobre sillares Tiene la magnífica torre campanario, en sillería   de tres cuerpos, rematada en un gran chapitel. En su interior tiene grabada la fecha de 1559, aunque probablemente se levantó a principios del siglo XVI; en su interior destaca la capilla de San Demetrio decorada con yeserías en sus muros laterales. Desde aquí comienzo la ascensión a la sierra de Lobarre, mi intención es conectar con la pista que va desde el castillo de Lobarre al Castillo de Marcuello y el Mirador de los Buitres. Esta Sierra forma parte de las sierras exteriores pirenaicas en su sector oscense. Se extiende entre el valle del Gállego y la sierra de Gratal. Posee una estructura de pliegues fallas que afectan a las calizas eocenas y cretácicas. Su nombre lo toma del castillo de Loarre emplazado en la ladera meridional. Culmina en el Puchilibro, a 1.595 m. El camino ancho desapareció y me encontré por un sendero que justo cabían mis pies, no me quedó más remedio que echarme la bici sobre el hombro apretar los dientes y seguir ascendiendo, la pista transversal no la veía pero sabia que estaba ahí. La ascensión fue penosa los pedales y las carteras de la bici se enganchaban en la maleza constantemente. Pese a todo llegué a la pista que atraviesa la sierra de Este a Oeste. A partir de aquí el paseo fue maravilloso, tanto el paisaje que se contempla, los embalses de la Sotonera, y de las navas como los árboles y arbustos que me acompañan son una maravilla, conforme avanzo voy dejando a mi espalda el magnífico castillo de Lobarre. Al terminar el pinar aparece ante mí las ruinas de Marcuello, para llegar a él pasaremos por la Peña el Sol y siguiendo la flecha amarilla llego la ermita románica del Siglo XII consagrada a San Miguel de esta queda un tramo y la capilla mayor cubierta con bóveda de cañón ligeramente apuntada y exedra, faltándole toda la parte de los pies. Esta ermita cuenta con una pradera maravillosa desde la que se contempla Murillo, las buitreras, el valle del Río  Gállego y su discurrir hacia Ayerbe y Santa Eulalia de Gállego, en esta pradera hice en el año dos mil mi particular homenaje a la memoria de mi padre, en aquella ocasión me acompañó mi entrañable amigo Carlos que me enseñó por primera vez estas tierras. A unos pocos cientos de metros están las ruinas de lo que fue una importante torre rectangular con saeteras abocinadas con  su recinto, fue mandada edificar por Ramiro I  para consolidar la frontera reconstruida por su padre el rey Sancho el Mayor de Navarra, y recrecida con Sancho Ramírez, este castillo fue punto estratégico, por ser paso de la calzada romana Zaragoza –Lescar. Desde aquí junto con Lobarre,  se lanzaron ataques contra las plazas musulmanas de Ayerbe y Bolea, lo que ahora es una ruina fue una altiva torre de cuatro pisos  situada estratégicamente a más de 1000 metros de altitud y frente a Murillo de Gállego al final del encajamiento del Gállego, después de atravesar las últimas elevaciones prepirenáicas, sino también el ancestral camino que siguiendo el río Gállego conducía desde el llano hasta Jaca. A su lado la ermita de Ntra señora de Marcuello, estas dos edificaciones destacan  por su situación coronando un espolón de la sierra. El topónimo Marcuello proviene de los montones de piedras que iban formándose junto a los caminos y que lanzaban los viandantes en honor del Dios protector de los caminos.  El enclave de Marcuello, cuya parroquia fue la ermita de San Miguel que surgió al amparo de la construcción defensiva va perdiendo importancia durante el siglo XVI, lo que desemboca en el traslado de sus gentes a los pueblos de Sarsa y Linás. El abandono de la seguridad de su inmejorable posición defensiva, se justifica por la dureza de sus condiciones climatológicas y la escasez de amplios terrenos adecuados para la agricultura. Desde este espolón se contempla  Los” Os de Fils” un roquedo con unas características muy específicas donde viven multitud de seres vivos. Se trata de un medio con unas características particulares como verticalidad, falta de suelo, altura, etec…que han sabido aprovechar tanto plantas como animales. El avión roquero y el buitre leonado construyen sus nidos en las repisas y techos elevados. Para algunas lagartijas supone un lugar ideal donde solearse y cazar sus presas. Plantas como las siemprevivas acumulan agua en sus hojas para soportar los largos periodos de sequía .En aragonés, Os de Fils significa  hojas de hojaldre,  por su aspecto hojaldrado, fruto de la erosión diferencial sobre capas de rocas mas y menos duras. Me como las viandas en la pradera  de la ermita de San Miguel y parto raudo al mirador de los buitres, el recorrido hasta el transcurre por una zona que fue arrasada por un incendio hace pocos años y que desgraciadamente tardará mucho en recuperarse ,por fin llego al mirador desde donde contemplo los Mallos de Riglos Peña Ruaga, detrás de esta los Mallos de Agüero  y todo el Valle de la Galliguera y los buitres planeando ante mi buscando la térmica que los lleve sin esfuerzo por el cielo, hay un observatorio de obra hecho por ICONA para contemplar sus vuelos con prismáticos a través de unas troneras.

El Buitre ave rapacísima y carnicera, y aún dice Eliano, que desean tanto comer de los cuerpos de los hombres muertos que adivinan muchos días antes, cuando ha de haber mortandad y así suelen ir en seguimiento de los ejércitos y es señal que se han de encontrar y matarse mucha gente  (F. Marcuello, 1617, Historia Natural y Moral de las Aves) es una de las aves más conocidas popularmente. Su cotidiana relación con la muerte y su presencia permanente en las alturas lo han convertido en un ave mítica, rodeada de leyendas que lo asocian con desgracias malos presagios, dioses y sueños eternos. Por ello y como ejemplo en muchas culturas se han entregado los cadáveres humanos a los carroñeros con el fin de facilitar su paso al más allá. Más abajo a ras de suelo, los rebaños que el hombre apacienta en estas montañas desde el Neolítico junto a la progresiva reducción de las poblaciones de los grandes mamíferos salvajes, han ido desapareciendo una estrecha relación entre el buitre y el hombre cargado de admiración, fantasía y muchas veces desconocimiento que todavía hoy perdura. Su dieta esta basada fundamentalmente en carroñas de grandes animales domésticos aunque de forma mucho más ocasional puede complementarse con las de animales salvajes. Su extraordinaria capacidad para localizar las carroñas en breves periodos de tiempo ha recibido variopintas explicaciones. Hoy está comprobado su escasísimo desarrollo del olfato y el protagonismo único de de la vista en esta tarea. Pero ¿Cómo se explican las inmediatas concentraciones de buitres en torno a una carroña? Los estudiosos coinciden en señalar que los conocidos vuelos en círculos junto con descensos vertiginosos hacia el cadáver son señal de aviso para buitres situados a grandes distancias que interpretan con acierto el significado de estos comportamientos y acuden rápidamente al lugar. Son capaces de ayunar durante varios días  e ingerir grandes cantidades de alimento cuando encuentran comida. Se trata de una adaptación relacionada con la impredecible presencia y localización de los cadáveres de los que se alimenta.

Su reproducción es de larga duración (prácticamente todo el año) y la contribución de ambos sexos a la crianza determina su tendencia monógama. Después de realizar vuelos emparejados a modo de paradas  nupciales comienza la selección de cornisas y salientes cubiertos, situados en grandes paredes donde la hembra pone un solo huevo de color blanco que será incubado por ambos individuos durante casi dos meses (54-58 días) El pollo no abandonará el nido hasta después de cuatro meses (117-127 días). Desde aquí diviso una pista que discurre por la falda de los mallos y que se dirige hacia Riglos por lo que  decido ir al Pueblo de Riglos  para  lo que tomo la GR y la flecha amarilla que se dirige a la Foz de Escalete ,desde este camino contemplo Peña Oroel y el Macizo Pirenaico nevado, antes de descender a la Foz de escaleta tomo la GR 1 que me indica un giro a mi izquierda y que desciende precipitadamente hacia El Barranco de la Mata la pista pronto desaparece para convertirse en una senda estrecha con maleza alta y arbustos que me obligan a hacer el descenso con la bici a hombros o desmontado. El  calvario del descenso es compensado por el ruido del agua, las aves el aroma de las plantas o el silencio de este hermoso cañón, el cual consigo explorar un tramo de él, ¡me encontré con una maravilla natural! Esta maravilla esta guardada por lo abrupto del lugar y la dificultad de acceder a él, yo hice un recorrido del barranco tomando las debidas precauciones ya que hay que hacerlo necesariamente por el lecho del cauce que estaba con abundante agua, musgo y liquen que hacia que el cauce rocoso resbalara.

Allí me quedé sentado un rato hasta que me di cuenta de la maravilla de no oír un solo ruido que no fuera natural, solo el murmullo del agua y las hojas que movía el viento casual. Esta maravilla esta justo debajo del farallón donde se asienta el mirador de los Buitres (Cara Norte) emprendo la marcha hacia Riglos, pero ya montado en la bicicleta ya que la pista es ancha y esta en muy buen estado, pero no puedo dejar de mirar estas formaciones tan impresionantes, Los Mallos de Riglos. Parece ser que a finales del período Oligoceno, hace 65 millones de años, el mar Pirenaico era sólo un recuerdo, produciéndose unas sedimentaciones de tipo continental, de las que son claro ejemplo los conglomerados de Riglos, Nueno, y las areniscas que rodean el pantano de La Sotonera. En las zonas más bajas se acumulaba el agua formando lagos, que tuvieron corta duración, en los cuales se precipitaron calizas y yesos, que hoy son muy comunes en la baja Sotonera o los llanos de Almudévar.
Será a principios del Mioceno cuando se levantan las sierras marginales. Un gran lago se extiende al Sur y cubre la casi totalidad de Aragón, siendo en estos tiempos la cuenca del Ebro endorreica, puesto que no todos los aportes de los ríos pirenaicos tenían salida al mar, quedando sus aportes alimentando a los lagos, aunque a fines del Mioceno y durante el Plioceno el paisaje de la depresión era el de una gran llanura. La Hoya de Huesca pues, se estaba configurando.
Situados en el contacto entre las sierras exteriores pirenaicas y la Depresión del Ebro, en las proximidades de la garganta abierta por el río Gállego al atravesar las sierras de Agüero y Santo Rondán, sirven de grandioso telón de fondo al pueblecito de Riglos. Mallo, en el vocabulario aragonés, se aplica a grandes escarpes rocosos exentos o semiexentos de las laderas. En Riglos constituyen unos esbeltos relieves, con paredes de más de 200 m. en vertical, incluso en extraplomo, rematados por cimas cupulares cuyas cotas absolutas enrasan a los 900 m. Desde el punto de vista geológico, los Mallos están formados por pudingas de cantos heterométricos, cementados por una matriz arenoso-calcárea rojiza, de edad terciaria oligomiocena; contemporáneas o ligeramente posteriores a la elevación de las cadenas alpinas. Se trata, pues, de una acumulación detrítica que procede de la destrucción de los relieves pirenaicos, depositada al pie de la montaña por el procedente del río Gállego, formando un gran cono de deyección. La enorme potencia de la acumulación de cantos se explica teniendo en cuenta la enérgica acción de los agentes erosivos sobre los fuertes desniveles inmediatos y la subsidencia de la cuenca receptora. El aspecto actual de los Mallos se debe a la erosión reciente, postmiocena, que actuó sobre el antiguo cono de deyección dejándolo reducido a estos testigos. El camino desemboca directamente en una fuente maravillosa justo en la primera casa del pueblo de Riglos en ella hay unas macetas y una placa que conmemora el año de su inauguración ,sacio la sed y me termino lo que me queda para comer, descanso un poco a la sombra y entro en el pueblo de Riglos. Lugar de la provincia. de Huesca, Situado en las sierras exteriores pirenaicas(al oeste de la sierra de Loarre), en el valle del Gállego, a 678 m. de altitud en 1998, contaba con 276 habitantes.; Comprende las entidades de población de Ena, Estación de La Peña, Rasal, Salinas de Jaca, Santa María, Triste, Villalangua, Las Peñas y Centenero. Las Peñas de Riglos (así se llama en realidad) irrumpe en el paisaje, sobre la margen izquierda del Gállego, con su pintoresco caserío y las gigantescas moles de los mallos dándole escolta. En la parte alta del pueblo se sitúa una pequeña iglesia románica del siglo XI, la de Nuestra Señora del Mallo, que cumplió, en el pasado, como capilla del desaparecido monasterio de San Martín. Consta de una sola nave con ábside de tambor y se cubre con bóveda de cañón. y en ella se veneran dos imágenes románicas, la Virgen del Mallo y la Carcavilla. Desde un parquecillo al lado de la iglesia contemplo con mis prismáticos como los mallos son escalados por numerosos alpinistas, unos son veteranos y otros  cumplen aquí su primera práctica de escalada. Destacan, por su especial estructura, los conocidos por los nombres de «El Puro», «El Pisón» y «El Firer». Riglos celebra fiestas el 20 de enero y el 1 de junio, en honor de la Virgen del Mallo. El lugar es frecuentado por muchos artistas (pintores, poetas y escritores), que un día lanzaron su significativo «Manifiesto de Riglos».

Riglos cuenta con un linaje de Familia infanzona aragonesa oriunda de esta localidad oscense, de la que tomó apellido; otras ramas se extendieron a Uncastillo, Sos y Luesia; tienen carta de infanzonía otorgada por el rey Juan II de Aragón en 1458; también en el siglo XVII había otra rama de los Riglos en la localidad de Luna. Sus armas heráldicas consisten en dos leones rampantes y afrontados que sostienen con sus patas un mallo o peñasco.

De bajada al empalme de la  carretera nacional  se encuentra el monolito que Montañeros de Aragón levantó a la memoria de Rabadá y Navarro, los malogrados escaladores que encontraron la muerte en la pared del Eiger, de los Alpes, en 1963. Ante este monolito me despojo del casco y guardo un respetuoso silencio en su memoria. Y en todos aquellos que murieron escalando estos Mallos. Salgo a la nacional y tengo suerte de que apenas hay tráfico, este tramo de  carretera nunca me ha gustado de hacerla en bicicleta porque carece de arcén hasta Concilio y los automovilistas no parecen importarles la fragilidad de los ciclistas. Concilio pertenece al municipio de Murillo de Gállego, no entro dentro del pueblo por la prisa del regreso pero cuenta con un núcleo de población compacto en torno a una plaza y dos calles unidas por ella. Lo que  si no dejo de visitar es La iglesia de Santa María, que es románica del Siglo XII de ábside semicircular, abovedado en cuarto de esfera; la nave tiene cubierta de madera sobre arcos apuntados. Este edificio parece proceder de un antiguo monasterio mozárabe, a juzgar por los restos que perviven en las construcciones próximas.

Desde aquí ya sin pérdida de tiempo me dirijo a Ayerbe principio y final de esta ruta.

Las fotografías aparecen por orden de ruta.

 

Serafín Martín.

 

Fuentes propias: y http://www.enciclopedia-aragonesa.com;

 

http://www.castillosenaragon.com;  http://www.altoaragon.org/rutas

 

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©  Cheluy -Sera 2006