Ruta 159 por Cataluña.-Salou, Vilaseca, La Plana y a  Reus por el Camino de Vilaseca.

 

 

Ruta 159 por Cataluña.-Salou, Vilaseca, La Plana y a  Reus por el Camino de Vilaseca.

El 11 de Septiembre de 2016 llevo en Salou un total de 12.291 kilómetros

En el kilómetro 5,30 llego a Vilaseca. Para tomar el camino de Vilaseca a Reus , paso por el Castillo de Vila seca.

Antiguo castillo de estilo neo medieval de la época de repoblación cristiana del Camp de Tarragona. Situado al norte del actual núcleo urbano de Vila seca, su esbelta silueta destaca por encima del frondoso pinar que lo rodea. La Torre de los Olzina, que algunos historiadores sitúan en el periodo romano, es la edificación más antigua del actual castillo. Esta torre de planta cuadrangular dispone de un  perímetro interior de 5,10x 4,25 metros y sus muros exterior3es tienen un grosor de dos metros.

Muy cerca del castillo se encuentra el edificio abandonado de la antigua Cooperativa. Concebido por el arquitecto  Pedro Domenech, fue construido en el año 1919. Es de grandes proporciones, con tres naves de planta rectangular, hechas con mampostería común y sillares en las esquinas. En la fachada principal se abre una gran arcada de medio punto que da luz a todo el conjunto. También hay dos pilastras en falsa escuadra coronadas con dos esferas pétreas. Las cornisas están decoradas con dentellones. En el año 1920 entró el primer carro de vendimia en el nuevo edificio de la cooperativa.

En el kilómetro 7,10 cojo un camino asfaltado que se dirige  por el Camino de Vilaseca hacia La Plana. Este camino se toma junto al cementerio.

En el kilómetro 7,55 Paso por túnel que atraviesa la autovía

En el kilómetro 8, paso por Más San Gil.

En el kilómetro 8,70 cruzo el las vías del FFCC, y giro a la derecha.

En el kilómetro 9,50 llego a la localidad de La Plana, que pertenece a Vilaseca.

En el kilómetro 10, paso subterráneo que cruza la autovía. A partir de aquí desaparece el asfalto.

En el kilómetro 10,55  llego a la partida de Bellisens  y cruce de caminos con Mas de Larrad , Reus y Vilaseca. Sigo hacia Reus.

En el kilómetro 11 paso elevado sobre el FFCC

En el kilómetro 11,70, llego al Hospital Universitario San Juan de Reus, y entro en Reus.

Reus es una ciudad española situada en la provincia de Tarragona. Es la capital de la comarca del Bajo Campo y forma parte del área metropolitana denominada Campo de Tarragona. Se encuentra a una altitud entre 114 y 142 metros sobre el nivel del mar y dista unos 14 km de la capital, Tarragona. Su población es de &&&&&&&&&0103194.&&&&&0103 194 habitantes ( hombres:50.011 y mujeres:53.183)(INE 2015).

Dos antiguas villas forman parte del actual municipio de Reus: El Burgar y Mascalbó. Muy antiguamente también fueron villas separadas *La Boella (*actualmente en el término municipal de La Canonja), Rubió y Las Comes d'Ulldemolins.

El Aeropuerto de Reus, que se encuentra situado entre los términos municipales de Reus y Constantí, ofrece vuelos regulares todo el año con varias ciudades europeas, la frecuencia de los cuales se incrementa durante el período estival.

Hijos de Reus fueron:

Agustina de Aragón, defensora de Zaragoza durante los Sitios en la Guerra de la Independencia Española y que no hay un solo monumento de ella en la ciudad.

Juan Prim, presidente del Gobierno de España, marqués de Castillejos, conde de Reus y vizconde del Bruc.

Mariano Fortuny, pintor.

Antoni Gaudí i Cornet, arquitecto modernista de Riudoms.

En el término municipal de Reus no se encuentra ningún río. Los principales barrancos (rieras) son los de la Abeurada, Cinc Ponts, Roquís, la Boella, Escorial y Pedret y las Rieres de la Quadra (que viene del municipio vecino de Almoster), de la Selva, de Maspujols y del Pi del Burgar.

El centro neurálgico de la ciudad lo constituyen tres plazas, unidas por dos calles de intensa actividad comercial y social. La mayor de las tres, la Plaza de la Llibertat, fue remodelada en 2003 y es utilizada habitualmente para exposiciones o ferias relacionadas con productos típicos de la zona, como el aceite, el vino o los frutos secos. La calle Llovera une esta plaza con la plaza de Prim, históricamente considerada el centro de la vida social de Reus, y sede durante muchos años de la Lonja de Contratación. En ella se encuentra también el mayor de los dos teatros clásicos con que cuenta la ciudad, el Teatre Fortuny. La calle Monterols une a su vez esta plaza con la tercera de las mencionadas, la Plaza del Mercadal (llamada así porque en ella se ubicaba históricamente el mercado de la ciudad). En la Plaza del Mercadal se encuentra el edificio del Ayuntamiento, así como también el edificio modernista más emblemático de la ciudad, la Casa Navàs. El núcleo antiguo, del que formarían parte las plazas de Prim y Mercadal, pero no la de la Libertad, está ubicado entre los Arrabales de Robuster, de San Pedro, de Jesús, de Martí Folguera, del Pallol y de Santa Ana, zona conocida como "Tomb de Ravals". Las dos calles peatonales antes mencionadas, Monterols y Llovera, forman el eje comercial de la ciudad y, junto al "Tomb de Ravals", dan a Reus un marcado carácter comercial. Recientemente se ha inaugurado un centro comercial llamado "Pallol" situado en el centro antiguo de la ciudad.

Un núcleo más moderno está dentro del perímetro de la Riera Miró, Avenida San Jorge, Carrer Dr. Robert, Paseo Mata, Paseo Suñer, Plaza de las Ocas, Paseo Prim, Plaza Pastoreta, Avenida La Salle, Avenida Pedro el Cerimonióso y Riera de Aragón. Más allá de estos límites la ciudad está en expansión.

Además la localidad tiene teatros: Fortuny, Teatro Bràvium, Bartrina.

Hay un museo (Museo Salvador Vilaseca) y dos archivos (el histórico comarcal y el administrativo/notarial). Hay también seis salas de arte. Cuenta con un centro de interpretación sobre Antoni Gaudí, hijo de la localidad vecina, Riudoms, llamado Gaudí Centre, situado en la Plaza del Mercadal. La biblioteca principal es la biblioteca central de Reus Xavier Amorós construida en el antiguo matadero público. También existe la biblioteca del Centro de Lectura, pero sólo para socios. Adicionalmente hay cuatro pequeñas bibliotecas en los centros cívicos de los distritos.

Desde 1857 hasta 1910 fue la segunda ciudad de Cataluña, tras Barcelona, pero su importancia como centro de la provincia decayó en beneficio de Tortosa y más tarde de Tarragona. La población apenas aumentó pasando de los 30.266 de 1920 a los 35.950 de 1950.

Desde entonces ha vuelto a incrementarse notablemente, pasando de 41.014 habitantes en 1960 a los 107.2011 en 2012 (el límite de los 100 000 fue superado en 2005). La emigración, sobre todo de Marruecos, ha hecho crecer la población y hace de Reus la cuarta localidad de Cataluña más poblada por emigrantes de religión musulmana principalmente en un 9%; la mayoría de los musulmanes son de la etnia bereber de la zona del Rif.

.Reus cuenta con edificios emblemáticos como:

Palacio Bofarull (sede del Consevatorio de Música).

Palacio de los Marqueses de Tamarit (Centro de Lectura).

Casa Navàs, arq. Domènech i Montaner, en la Plaza Mercadal.

Casa Cochs, en la Calle Prat de la Riba.

Cal Boule, en el Raval de Santa Ana.

Casa Rull (antiguo Museu Prim-Rull, sede del Instituto Municipal de Acción Cultural, IMAC), en la calle de San Juan.

Casa Gassull, en la Calle de San Juan.

Casa Serra, en la Carretera de Castellvell.

Campanario de la Prioral de San Pedro, en la Plaza de San Pedro.

Castell del Cambrer, actualmente reformado, en la Plaza del Castillo.

Banco de España, en el Raval de Santa Ana, actualmente Museu Salvador Vila-seca.

El Ayuntamiento, en la Plaza Mercadal.

Diversas casas de la ruta del Modernismo, destacando principalmente los pabellones del hospital universitario, Instituto Pere Mata, construido entre 1897 y 1912 como hospital psiquiátrico.

Quedan muy pocas fuentes: la de la Plaza de la Sangre (de 1779), la de Neptuno, en la Plaza del Víctor (de 1789), y la de Hércules en la Plaza del mismo nombre (datada en 1857).

Fuentes ornamentales son las del Niño de las Ocas (en la Plaza de las Ocas), Triptòlem (Plaza Juan Rebull) y la de la Plaza del Canal (al lado de la estación de autobuses).

Hay también fuentes en las estatuas de la Pastoreta (Plaza Pastoreta) y de Mariano Fortuny (Plaza de la Libertad). Otras estatuas sin fuentes son la de Prim (Plaza del General Prim) y la del Condesito (en la Plaza Mariano Fortuny, junto al edificio de La Caixa).

Curiosamente, no existe ningún monumento a la figura heroica sin duda alguna más conocida en toda España y natural de Reus: Agustina de Aragón.

Plaza Prim es la plaza central de la ciudad de Reus (Tarragona) España. En ella conectan las calles de San Juan, San Lorenzo, Raval de Jesús, calle Monterols, Raval Santa Ana y Llovera. Lleva el nombre del general Juan Prim y Prats que tiene una estatua ecuestre dedicada en el centro de la plaza.

La plaza tiene cuatro lados diferentes: al sur el antiguo Hotel de Londres es hoy un edificio sobre todo para oficinas y la famosa peluquería masculina Jordi con varios premios y reconocimientos internacionales; en el norte, el antiguo Casino (ahora es un establecimiento de la cadena Viena) está flanqueado por el teatro Fortuny y el Circulo de señores a la izquierda y el antiguo edificio de la Banca Catalana (ahora Optica Salas) a la derecha; al este todo son casas antiguas con tiendas en la planta baja; y al oeste las dos grandes entidades bancarias, el BBVA y el Banco Santander.

“Acabo de entregar a vuestro Ayuntamiento la espada que vibró en Castillejos, Tetuán y Wad-ras [...]. Todavía está teñida de sangre mora. Confío que esta prenda será para vosotros símbolo de unión y concordia. La nobleza de vuestro corazón me responde de que sean cuales sean los tiempos que sobrevengan, ya en época de prosperidad, ya en épocas aflictivas, esta espada será por vosotros respetada, será como un símbolo sagrado y de veneración para todos [...]. No os acordéis del pasado, y atentos sólo a las glorias de la patria ella será el lazo que nos unirá eternamente para adquirir su mayor prosperidad, y estad seguros que siempre que ella de mi necesite no faltaré nunca a consagrarle la vida, como así debe hacerlo aquel que se precie de ser un buen catalán.”

15 de mayo de 1860, discurso que pronunció el general Prim desde el balcón del Ayuntamiento de Reus el día que ofrecía su espada a la ciudad, el día posterior a su llegada en el marco del viaje triunfal que hacía por Catalunya después de la campaña de África. La espada está expuesta hoy en una de las salas nobles del Ayuntamiento.

Es un ejemplo elocuente de la estrecha relación que unió al general con su ciudad natal, que no estuvo marcada sólo por el hecho de que Prim naciera en Reus. El Reus de Prim fue una ciudad singular, una ciudad que, como él, se había hecho a sí misma. Y el Prim que conocieron los reusenses de la época fue, si ello es posible, una figura todavía más excepcional y controvertida que para el resto ciudadanos de aquella España convulsa.

Juan Prim y Prats nació en Reus el 6 de Diciembre de 1814, hijo de Pablo Prim, capitán del Regimiento del Príncipe, y de Teresa Prats. A pesar de que no hay documentos que lo corroboren, según la tradición nació en una casa de la plaza del Mercadal hoy desaparecida: una placa lo recuerda en una columna del edificio actual, un edificio que, curiosamente, acoge un equipamiento cultural dedicado al otro gran hijo ilustre de Reus: el arquitecto Antonio Gaudí.

La rama paterna del general, los Prim, fueron unos importantes propietarios de Verdú, en Lérida, una familia acomodada y reconocida. El abuelo del general, Ramón Prim, se instaló en Reus en 1778 como notario y se casó con una reusense, y mantuvo relaciones con las familias acomodadas de la ciudad. Pero su hijo Pau, padre de Prim, a pesar de heredar la notaria, no supo mantener el estatus familiar. Por una lado, porque su segunda esposa (la primera, con quien no tuvo descendencia, murió al poco de casarse) pertenecía a una familia con una posición social y económica inferior a la de los Prim, y por otro lado porque su ideario político le llevó a alistarse en el cuerpo de los migueletes y a sumarse a la lucha antinapoleónica. En 1825 volvía a hacer de notario, pero en 1833, a causa de la poca actividad de la notaría, solicitó reingresar al ejército. Los diversos destinos que su padre tuvo hasta 1825 hacen difícil establecer cuanto tiempo estuvo Prim en Reus los primeros años, pero se sabe que en 1826 la familia vuelve a establecerse en la ciudad.

Los recuerdos de aquellos tiempos nos han llegado a través de reusenses que conocieron y trataron al joven Prim, como Francesc Gras i Elies, de padres y abuelos también notarios y perteneciente al mismo ambiente liberal. Así, Gras y Elies recuerda que Juan Prim fue un niño rubio hasta los 10 años, un joven de estatura media y con buena voz, aficionado a la música y a los juegos de cierta brusquedad. Como anécdota, explica que una de las “aficiones” del joven Prim era saquear los puestos de verdura del mercado, en la plaza Mercadal, y que una mañana, al pillarle con un puñado de higos, una vendedora le tiró las pesas a las piernas. Dicen que en 1860, en su retorno victorioso a Reus, el general reconoció a la mujer entre el público y le regaló una onza de oro.

El joven Prim no siguió la tradición familiar de estudiar leyes, aunque sí trabajó en la notaría. En 1833 fue de los primeros en alistarse a los Voluntarios de Isabel II. Fue expulsado a causa de los incidentes que protagonizó junto a otros compañeros, entre ellos el joven liberal reusense Joan Martell, en una expedición por los pueblos de los alrededores de Reus, donde tenían la misión de evitar altercados y acabaron enfrentándose ellos mismos a las autoridades locales. Su marcha de Reus, a los 19 años, obedecía a la necesidad de ganarse la vida y también a su afán de aventura y el deseo de recuperar, por la espada, el rango social que le correspondía. Labrarse un nombre y obtener el reconocimiento público fue una constante en la biografía de Prim, que no dudó en asumir grandes retos confiado que la fortuna le reservaba grandes oportunidades.

Poco después de su partida, su padre murió en Barcelona y su madre y su hermana se trasladaron a la ciudad condal, a la villa de Gracia. La vinculación de Prim con Reus quedaba fuera del círculo familiar, pero se mantuvo firme y constante hasta su muerte a través de los amigos que allí dejó. Amigos como Macià Vila, importante industrial textil y uno de sus grandes valedores en Reus; como Esteve Galofre, también militar y su hombre de confianza; o como Josep Manuel Pàmies, político liberal con quien poco antes de morir compartía las esperanzas sobre la llegada inminente a España de Amadeo de Saboya. Definitivamente lejos de Reus, la ciudad pasó a ocupar en su imaginario un lugar mítico. Era hacia Reus donde dirigía su atención cuando quería saber cómo acogía la población sus discursos y sus decisiones, cuando quería medir sus niveles de popularidad como político o militar, y hacia donde miraba también, en los momentos difíciles, buscando refugio. Por todo ello, según su criterio, Reus debía ser espejo de comportamiento social y político, una ciudad ejemplar donde, si era necesario, debía aplicarse mano dura para encauzar las cosas. Un laboratorio, en definitiva, de lo que debía ser Catalunya en su conjunto, territorio ejemplar en su modelo de España.

Y Reus, de la mano de Prim, tuvo un protagonismo decisivo en la historia de España a raíz de unos hechos que pesaron siempre en la relación del General con su ciudad natal: los hechos de 1843. En 1843 España se encontraba en una situación política compleja, con enfrentamientos continuos entre partidarios y detractores de la regencia del general Espartero. Prim, entonces coronel y diputado a Cortes, quiso dar respuesta a la situación con un pronunciamiento militar que forzara a proclamar la mayoría de edad de la reina Isabel y acabar con una regencia que consideraba dictatorial. Prim escogió Reus , donde tenía muchos partidarios, para pronunciarse. Llegó a finales de mayo acompañado de Lorenzo Milans del Bosch, también militar y diputado, y convocaron en la casa consistorial a los notables de la ciudad, que, obligados o no, acordaron pronunciarse contra la regencia de Espartero. Prim y Milans asumieron el mando y difundieron entre la población noticias falsas de alzamientos en otras ciudades de España.

Reunida la milicia, fueron a sublevarse a Tarragona, donde no les dejaron entrar. Finalmente, las tropas del ejército, a mando del general Zurbano, llegaron a Reus para sofocar a los rebeldes.

Prim, a pesar de la evidencia del fracaso de la insurrección y de las condiciones que le ofrecía Zurbano, se negó a rendirse. El 11 de Junio, domingo, el bombardeo del ejército sacudió la ciudad entera durante cinco horas.

Fueron cinco horas de pánico y caos que arrojaron un balance de 30 muertes, un centenar de heridos e importantes daños materiales. Prim permitió que una comisión saliera a negociar con Zurbano, que consiguió que Zurbano prometiera un indulto total que incluía la salida en formación y con todas las armas de Prim y sus seguidores. El impacto de los hechos sobre la población fue enorme, y fue el origen de un voto de pueblo que aún se mantiene. Un voto de pueblo —vale la pena recordarlo— es un compromiso adquirido por una población de dedicar a perpetuidad una fiesta solemne a la Virgen o a algún santo para conmemorar un beneficio recibido gracias a su intercesión.

El día del bombardeo de Reus se celebraba la fiesta de la Santísima Trinidad, y como la imagen de la Virgen de Misericordia estaba en la parroquia y no en el santuario, como era habitual, la población se acogió a su advocación para pedir el cese del fuego.

Desde entonces, la fiesta en honor a la patrona y en conmemoración de la Aparición se celebra junto a la fiesta de la Santísima Trinidad. A raíz de los hechos se confeccionó un nuevo manto y un vestido carmesí para la imagen, bordado en plata, conocido como el “manto de las bombas”. Aquí pueden ver la litografía hecha sobre un dibujo del pintor Antoni Verdaguer que representa el bombardeo. Según recordaba años más tarde Güell i Mercader, la imagen estaba presente en el comedor de muchas casas de la ciudad. El pronunciamiento, sin embargo, acabó triunfando, y Reus, además de diversas ayudas a favor de los damnificados, recibió el título de Ciudad con el calificativo de Esforzada, un nombre que el General, que por aquellos hechos fue condecorado como conde de Reus, utilizó a menudo para referirse a su ciudad natal.

Después de 1843, como decíamos, Reus fue para Prim un referente indiscutible. Por un lado, porque quería resarcir la ciudad de aquella tragedia, y por otro, para recuperar el prestigio que tanto deseaba, lastrado por los hechos de 1843 y por otros posteriores, como su papel como gobernador militar de Barcelona. Veamos algunos ejemplos de ello. En 1846 Prim fue juzgado en relación al intento frustrado de asesinato del general Narváez. Su implicación nunca pudo probarse, y en el juicio se le consideró culpable de conspiración pero se le absolvió del cargo de inducción al asesinato. Su madre consiguió el indulto de la reina, con la aquiescencia del propio Narváez, y desde Écija, donde le habían destinado en misión gubernamental, Prim esperaba que se desencallara su futuro.

Por carta, confesaba a Macià Vila, su gran amigo reusense, que volver a Reus era lo que más deseaba, y sobre todo sentir el afecto de los reusenses. Decía: “Pocas cosas he sentido tanto en todas las vicisitudes que por mi han pasado que haber perdido el cariño de mis queridos compatriotas, porque yo soy de Reus, ya lo sabes. Para mí, Reus, París y Londres, carrer de Monterols, la plaça de les Monges y raval de Santa Anna, [...] conque dímelo, querido, que tendré mucho gusto en saber que si no me quieren como un día, a lo menos no me aborrecen”. Por eso en 1850 celebró de forma entusiasta la buena acogida que tuvo en Reus, aunque no en el conjunto de Catalunya, su primera gran intervención en el Congreso, un discurso en que avanzó gran parte de su ideario y en que justificaba su actuación de 1843.

Desde el punto de vista político Reus jugó también un papel decisivo para sus aspiraciones. Es en Reus donde Prim inicia, en 1840, su carrera como diputado al Congreso, un Congreso para el que revalidará acta en las elecciones de 1843 y donde tendrá como compañero y defensor a otro reusense de peso, Pere Mata. Vitales para sus aspiraciones políticas fueron también los resultados de las elecciones de marzo de 1857, donde consiguió 255 de los 384 votos en juego en el distrito de Reus.

A lo largo de su vida, todos los agravios y reproches que le llegaban de la ciudad tuvieron para él una virulencia especial, los sentía como no sintió otros, ya se tratara de reproches políticos o de simples panfletos de carnaval.

Y en más de una ocasión no dudó en expresar la rabia que ello le producía y qué haría si por él fuera para escarmentar a sus instigadores, entre los cuales se encontraba el liberal Joan Martell, compañero de juventud con quien se había enfrentado desde 1843. En mayo de 1856 escribía: “Hay en el mundo de España una ciudad populosa, belicosa y dispuesta a lo bueno y a lo malo: se llama Reus. Allí tenemos muchos amigos, pero ahogados por Martell y su gentuza”.

La ciudad también supo aclamar a su general en los momentos de esplendor, como en las dos grandes visitas que hizo a Reus: la primera a la vuelta victoriosa de la campaña de África, a la que ya nos hemos referido, y la segunda en 1868, después del triunfo de la Gloriosa, cuando Prim pasó por Reus camino de Madrid. En el primer caso, Prim llegó a Reus a les 3 de la tarda del 14 de octubre de 1860, y después de una recibida multitudinaria habló desde el balcón del ayuntamiento. Confesó que “si alguna cosa de especial hay en mi organización la debo al haber nacido en esta atmósfera. Por eso los hijos de esta ciudad han sido siempre respectados y apreciados por todo el mundo por su valor y la nobleza de corazón y por ello yo he podido demostrar siempre que no hay peligro, donde un catalán ponga los pies”. Al día siguiente entregó al Ayuntamiento la espada con la que había dirigido la campaña de África.

En relación a la espada, unos años más tarde, en 1867, después del fracaso de un primer intento de sublevación, se quejaba por carta a su amigo Josep Manuel Pàmies de que las autoridades habían saqueado su palacete de Toledo y se habían llevado las armas, las espingardas y los trofeos de la guerra de África, pero que todavía le dolía más que el Ayuntamiento de Reus hubiera quitado “mi espada y mis armas moras del salón municipal”. A partir de su boda con Francisca Agüero, quizá por los constantes cambios de residencia y los viajes por Europa y España, Reus se convirtió en un mundo más lejano, enmarcado por la añoranza simbólica de cosas materiales. En una carta al amigo Macià Vila de 1857, por ejemplo, le pide “un barrilete de aguardiente anisado doble”. Un barrilete de aguardiente de Reus.

Ya como presidente del Consejo de Ministros, en el marco del difícil equilibrio entre republicanos y monárquicos, la situación política que se vive en Reus a menudo le irrita, en la medida que Reus, y Catalunya también, se muestran más próximas a los planteamientos republicanos que a los monárquicos que él representa. Uno de sus principales enemigos en esta línea, que aglutinará parte de las críticas que le acusan de volubilidad ideológica, fue otro catalán, Pi y Margall. De todos modos, su proximidad y vinculación a Cataluña se mantuvieron inalterables. Y se demuestran en múltiples frentes. De una forma simbólica, en el regalo que la comisión de diputados españoles que se traslada a Florencia en diciembre de 1870 para ofrecer la corona a Amadeo de Saboya entrega al monarca de parte de Prim: la faja de general que el Instituto Industrial de Catalunya le había regalado a la vuelta victoriosa de África.

Cabe recordar que como diputado Prim destacó en la defensa de los intereses de la Cataluña industrial, oponiéndose a las políticas librecambistas del gobierno de Espartero. Desde el conocimiento directo de la realidad de Catalunya, sometida entonces a una dura represión política y militar, defendió la necesidad de aflojar las cuerdas. Y lo hizo con la contundencia que caracterizaba sus intervenciones, como en el discurso que pronunció en 1851:

“Catalunya pide que gobernéis con justicia, que gobernéis con seguridad, que no saquéis al pueblo más dinero que el que pueden dar buenamente según el estado de su riqueza, para que no veamos infelices labradores abandonar sus tierras, infelices artesanos que cierran sus tiendas por no poder pagar lo que pedís.

El horizonte amenaza grandes tempestades; es muy posible que antes de mucho se abra una lucha de gigantes; dos banderas flotarán por los aires; cada una tendrá sus partidarios y para entonces es preciso que los catalanes sepan a cual de las dos habrán de prestar su brazo robusto. ¿Son los catalanes españoles? Pues devolvedles las garantías que les habéis arrebatado, garantías que son suyas, que tienen derecho a usar de ellas, porque las han conquistado con su sangre. Igualadlos a los otros españoles.

Si no los queréis como españoles, levantad de ahí vuestros reales; dejadlos que para nada os necesitan.

Pero, si siendo españoles los queréis esclavos; si queréis continuar la política de Felipe V, de ominosa memoria, sea en buena hora, y sea por completo: amarradles a la mesa la cuchilla como lo hizo aquel rey, encerradlos en un círculo de bronce; y si eso no es bastante, sea Catalunya talada y destruída y sembrada de sal como la ciudad maldita; porque así, y sólo así, venceréis nuestra altivez; y así y solamente así domaréis nuestra fiereza.” Por todo ello, Joan Prim fue, sin duda, una figura excepcional. Una figura carismática que despertó admiración y odios. Y Reus, su ciudad natal, supo estar a la altura de su general también en la medida o desmedida de su admiración y de sus críticas, a las que el General respondió con la misma intensidad. Una relación apasionada que ha perdurado a lo largo de la historia.

La plaza Prim. Durante los hechos de 1843 en Reus, Prim fue increpado por un grupo de reusenses, y como respuesta a los insultos él mismo pronosticó que algún día, en aquel mismo lugar donde le increpaban, le erigirían un monumento. No se equivocó. El lugar en cuestión es el que hoy ocupa esta plaza. La plaza nació de la decisión de la Junta Revolucionaria, en 1868, de demoler el convento de monjas carmelitas que ocupaba el espacio y desde el primer momento se proyectó como el elemento vertebrador de la nueva ciudad burguesa. Se la conoció inicialmente como plaza de las Monjas o de la Revolución, hasta que en 1882 se la bautizó con el nombre del general. Durante el período de 1936 y 1939 se bautizó oficialmente como plaza Roja y al general se li quitó la espada para mostrarle con el puño alzado. Epicentro de la vida ciudadana, ha sido testigo de la historia contemporánea local y continúa siendo la postal por antonomasia de Reus.

En relación a la estatua, el proyecto de 1882 preveía completar la plaza, todavía a medio urbanizar, y colocar en ella un monumento a Prim. Para sufragar los costes, el Ayuntamiento promovió una suscripción estatal. Se perfilaron dos propuestas sobre el monumento: edificar una fuente o una estatua ecuestre. Finalmente ganó la segunda opción, y se convocó un concurso de maquetas abierto a todos los escultores españoles. El veredicto fue muy polémico, porque, entre otras cosas, se decía que el proyecto ganador, del artista barcelonés Lluís Puiggener, era idéntico al que el mismo autor proyectaba en el parque de la Ciudadela de Barcelona. Todo ello se complicó hasta el punto de retrasar la inauguración del monumento y de abrir a los responsables un proceso por malversación de fondos. La fotografía corresponde al momento de la colocación de la escultura, en 1882. La obra presenta la estatua de Prim a caballo, dos relieves laterales y los escudos de la ciudad y del título de marqués de los Castillejos. Los cañones que lo circundan, que cierta tradición atribuye a la guerra de Marruecos, son obra del escultor local Pau Figueras.

 El Paseo Prim. Otro espacio urbano marcado con el recuerdo del general es el paseo de lleva su nombre.

En 1914, al celebrarse el centenario del nacimiento de Joan Prim, la ciudad quiso festejar el evento. El diputado Julià Nougués obtuvo del gobierno una aportación para esta finalidad, pero habiendo estallado la guerra europea se decidió suspender las fiestas y destinar el dinero a las obras de prolongación hacia el sur del paseo Sunyer y enlazarlo con el de Misericordia. Y se decidió repetir para el paseo el mismo nombre de la plaza. Son las dos grandes presencias del general Prim en el callejero reusense, que marcan la imagen física de Reus contemporáneo.

El traslado de los restos

Cuando se conoció la noticia de la muerte del general la ciudad quedó conmocionada. Pocos días después, el 2 de Enero de 1872, el consistorio se dirigió a su viuda para pedirle que su hijo ilustre fuera enterrado en Reus. Los intentos, en aquel momento, no tuvieron éxito, pero los diferentes consistorios que se sucedieron continuaron las gestiones para hacerlo posible.

El cadáver del general, presidente del gobierno en el momento de la muerte, fue embalsamado y tuvo un entierro solemne. Un entierro, sin embargo, no exento de polémica a causa de la ceremonia masónica que al parecer se ofició en Madrid antes de los funerales de estado. Ello deslució las ceremonias que tuvieron lugar en muchas otras localidades.

En el caso de Reus, en la ceremonia religiosa que se ofició en la Prioral de San Pedro el arzobispo prohibió la lectura de la homilía, que se imprimió y repartió entre los asistentes. En Madrid, después de los funerales, el cuerpo se trasladó en coche fúnebre real y la urna con los restos fue depositada en el panteón de Hombres Ilustres, en la Salesas Reales. Después de las exequias se encargó a Plácido Zuloaga, considerado el mejor damasquinador de la época, la construcción de un mausoleo de acuerdo con el rango de jefe de estado que finalmente se instaló en el Panteón de Hombres Ilustres de la Basílica de Atocha.

Mientras Reus esperaba la llegada de los restos del general, se sucedieron las especulaciones sobre donde debían reposar los restos. El lugar escogido fue el Cementerio General de Reus. No fue hasta cien años después de su muerte que el sepulcro del general de trasladó de Madrid a Reus. De la estructura primitiva se sustituyó la urna de cristal por otra nueva y se suprimieron las rejas de hierro que la rodeaban, que se conservan en la ciudad. La llegada del General se conserva todavía en la memoria popular como un evento memorable.

En la esquina de un edificio a cierta altura se encuentra colgada una estatua satírica que el propietario del edificio instaló a mediados del siglo XVIII, y que señalaba con dedo acusador la casa de un vecino con quien mantenía un pleito. La escultura, conocida popularmente como el Judío del Arrabal, se convirtió en una de las más famosas de la ciudad. La figura original policromada, muy deteriorada, fue retirada en 1925 a consecuencia de unas obras y se conserva en el Museo de Arte e Historia de Reus. Su recuerdo y su leyenda perduraron hasta la reposición de una réplica en 2012. La reproducción que hoy se puede admirar en esta fachada luce la policromía detectada en la escultura original.

La Torre Campanario del Siglo XVI es de planta hexagonal y tiene una altura de 60 metros. Gaudí se inspiró en el diseño de la escalera interior de este campanario, de forma helicoidal con el eje vacío, para realizar las escaleras de acceso a los campanarios del templo de la Sagrada Familia de Barcelona, como mencionó el arquitecto César Martinell, colaborador de Gaudí.

Las fotografías aparecen por orden de ruta.

Serafín Martín.

Fuentes propias y:

Plaza Prim (Reus) - Wikipedia, la enciclopedia libre

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