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126. Ruta por Torrevaldealmendras 1.-Torrevaldealmendras, Villacorza, La Riba de Santiuste, Sienes, Torrecilla del Ducado, Conquezuela, Miño de Medinaceli, y  Medinaceli.

 

 

El 6 de septiembre de 2011,  llevo un total de 6285 kilómetros. Salgo muy temprano de Torrevaldealmendras, todavía está amaneciendo y la mañana es fresca. Mi intención es llegar a por las Tierras de Medinaceli a la Villa que les da nombre a esta maravillosa tierra castellana.

Tierras de Medinaceli, tierras de frontera entre árabes y cristianos y volvió a serlo entre castellanos y aragoneses. Son las tierras del Triásico Sistema central; sierra Ministra, la de La Mata, la de Solorio….y valles como el de Hambrona, el del rio Jalón y el de Arbujuelo.

División entre tres cuencas: al Sur el Tajo, al Norte el Duero y el Ebro al Este. Tierra Curtida en historia y paisaje.

 

En el kilómetro  2’61 paso por Villacorza.

 

En el Kilómetro 6, enlazo con la carretera  GU-170, justo enfrente se encuentra la localidad de la Barbolla.  Tomo la derecha en dirección a la Riba de Santiuste.

 

En el kilómetro 9,18 paso por la entrada a la  Riba de Santiuste, limitándome a fotografiarla desde la carretera, sin entrar en ella. Un poco más adelante se encuentra a la derecha la carretera GU-136 que se dirige a Sienes, que es la que debo tomar para llegar a Medinaceli, que es la meta de hoy.

 

En el kilómetro 10,80 dejo a mi derecha la carretera que se dirige a Querencia.

 

En el kilómetro 12,30 dejo a mi derecha la carretera que se dirige a Tobes.

 

En el kilómetro 13,34, llego a  una zona de esparcimiento junto a la ribera del rio y allí, puedo admirar un precioso crucero. Ya solo me queda cruzar el rio y entrar por el camino de Querencia en Sienes, y  llegar hasta la plaza  por el camino con 13,75 kilómetros.

 

Sienes se encuentra la zona norte de la provincia de Guadalajara, en las faldas de Sierra Ministra, a 1034 metros de altitud  y junto a las orillas del río Buitrón. Hasta finales del año 1854, Sienes se encontraba bajo la jurisdicción de los Obispos de Sigüenza. La concesión del titulo de villa fue promovida por el Rey Felipe II. Actualmente la población tiene dos pedanías: Tobes y Torrecilla del Ducado. Su iglesia parroquial, es de época románica, que presenta un interesante campanario, cuya espadaña presenta vanos, para  las campanas. En la plaza del pueblo se levanta una picota, de color rojizo, labrada en piedra, muy característica y abundante en el lugar.

 

Antiguamente en este pueblo, tras la reconquista de la zona, perteneció al Común de Villa y Tierra de Medinaceli, pero aún en el siglo XII pasó a pertenecer al señorío episcopal de los Obispos de Sigüenza, en el que permaneció hasta finales del siglo XVI, concretamente hasta el 17 de diciembre de 1584, en que el rey Felipe II hizo a Sienes Villa con jurisdicción propia, eximiéndola de la dignidad episcopal.

Dentro del municipio destaca su iglesia parroquial, que luce de la época románica en que fue construida su maciza espadaña o campanario, puesto en el muro occidental del templo, con magníficos remates triangulares y vanos para dos campanas y un campanil cimero, coronándose el conjunto de una cruz tallada en piedra. El resto del templo sufrió reformas posteriores, y por consecuencia, en su interior conserva algunos retablos barrocos de aire popular e ingenuo.

Es de gran interés la presencia de su picota en el centro de la empinada plaza, dando aires de señorío villano a su conjunto, tallada en la piedra arenisca de tono subidamente rojizo de la zona.

 

Por las cercanías de Sienes discurre la Cañada Real Soriana, por donde transitaban los pastores trashumantes en sus recorridos estacionales buscando mejores pastos para sus ganados. Este sendero pecuario cruza interesantes robledales, encinares campos de cereal y lomas con jaras, siendo su acceso natural desde Alcuneza. Sienes ha sabido aprovechar el interés que la Ruta de Don Quijote ha suscitado entre los amantes del turismo rural, y ofrece un coqueto establecimiento hostelero en una típica casona de piedra y madera, debidamente restaurada. Este es un buen lugar para que el viajero haga parada y  reponga fuerzas con  un buen asado. Enclaves de interés que pueden ser visitados desde Sienes son Riosalido, Alboreca, Paredes de Sigüenza, Querencia y el castillo de la Riba de Santiuste. Salgo de Sienes  y enseguida  la carretera va aumentando su pendiente. Menos mal que no me faltan las carrascas, encinas y robles que me dan sombra para subir el puerto.

 

En el kilómetro 17´59  termino la subidica desde Sienes y desde  la cima de este puerto, diviso serpenteante la carretera, por el altiplano que se extiende a mis pies.

 

En el kilómetro 19,41 llego al pueblo abandonado de Torrecilla del Ducado. Situado en la  Comarca Sierra Norte de Guadalajara de la Comunidad de Castilla La Mancha. Este lugar ocupa el fondo de una suave concavidad de tierras de labor, alzado el pueblo sobre un otero a 1164 metros de altitud, desde donde se domina en cualquier dirección, entre los llamados Al­tos de Barahona y Sierra Ministra, en el término municipal de Sienes, junto a la carretera comarcal GU-136 que une Sienes y La Riba de Santiuste, que es por donde vengo precisamente, y está  tan sólo a 500 metros del límite con Soria. La altura y el paisaje  me recuerdan que estoy en la Serranía de Guadalajara, a  más de mil metros sobre el nivel del mar. Para visitarlo un sendero de mucha inclinación hace de pista de acceso.

El casco urbano es muy compacto. Todas las casas se agrupan formando una herradura en torno a una pequeña plaza donde está la fuente.  En la mayor parte de las viviendas se ha utilizado la piedra para su construcción, que convive con otros elementos más modernos, como marcos de puertas y ventanas de ladrillo, o fachadas enlucidas y pintadas,  intentos de los antiguos propietarios y vecinos  de mejorar las pocas casas que quedan en pie, y de paso no perder del todo el contacto con su aldea y su pasado.En uno de los extremos más cercanos a la carretera, frente a una pequeña plaza, se encuentra la iglesia. Está formada por una espadaña triangular de doble campana levantada en sillería y apoyada en una gran nave de planta cuadrada construida en mampuesto de piedra con cubierta de teja. La mitad del perímetro está cercado por un muro y en su interior se encuentra el cementerio. Uno de los flancos de la iglesia está revocado con cemento y sobre él hay una serie de grafitis que me  disgustan mucho. La iglesia es bastante grande, pero tiene unas proporciones muy poco armoniosas. La espadaña, desposeída de sus campanas, está dispuesta al Poniente  y es demasiado baja para un edificio de ese porte y puede que haya sido añadida siglos después de su construcción para reemplazar la original. Tiene atrio del XVII con severa barbacana.

 

Curiosamente casi todas las viviendas tienen conexión a la red eléctrica y hasta antenas de televisión ,el pueblo está bien comunicado, junto a una carretera asfaltada,  y sin embargo no vive nadie en él desde hace al menos diez años.

Torrecilla perteneció históricamente al ducado de Medinaceli desde su creación, allá por 1479, cuando Isabel la Católica elevó el condado de Medinaceli a ducado en la persona de Luis de la Cerda y de la Vega, V Conde de Medinaceli.

Esta situación perduró hasta principios del siglo XIX, cuando la localidad pasó a integrarse en el municipio de Olmedillas debido a las reformas políticas y administrativas emprendidas por los gobiernos liberales de la época. En 1828, Sebastián Miñano, en su Diccionario Geográfico, aún considera este pueblo como parte del ducado de Medinaceli:

“LS de España, prov. de Guadalajara, partido y obispado de Sigüenza, tierra del ducado de Medinaceli. A.P.: 37 vec., 167 hab., 1 parroquia aneja de Torete. Dista 6 leguas de la cabeza de partido. Contribuye con Medinaceli.”

Durante el siglo XX se vendieron la totalidad de las tierras propiedad de la Casa de Medinaceli, más de 14.000 hectáreas repartidas entre los veintiocho pueblos pertenecientes antiguamente a la misma. En las dos primeras ventas, que tuvieron lugar en 1902 y 1918 se vendieron aproximadamente cuatro mil hectáreas y entre 1966 y 1968 se vendieron las 10.000 restantes. En los años previos a estas últimas ventas los renteros ya sólo pagaban la contribución de las tierras, en la mayoría de los casos. La venta se hizo a una media de mil pesetas por hectárea, precio considerado por las partes intervinientes justo e incluso bastante bajo en casos como el de prados y dehesas. Para la adquisición de estas tierras se crearon distintas cooperativas.

En 1848, Pascual Madoz en su Diccionarios Geográfico situaba ya este pueblo en el municipio de Olmedillas:

“Lugar del ayunt. de Olmedillas en la prov. de Guadalajara (13 leg.), part. jud. y dióc. de Sigüenza (2 ½), aud. terr. de Madrid (33), c.g. de Castilla la Nueva. SIT. en llano con buena ventilación y clima sano. Tiene 27 casas, la que fue del ayunt. y una iglesia parroquial servida por un cura y un sacristán; confina el TERM. con los de Imón, Olmedillas, Alboreca, y Matas; el TERRENO bañado por un arroyo que brota dentro de la jurisdicción es de regular calidad; comprende buenos montes poblados de encina, roble y chaparros con algún otro árbol. CAMINOS: los locales en mal estado. CORREO: se recibe y despacha en Sigüenza. PROD.: cereales, legumbres, leñas de combustible y carboneo, y buenos pastos con los que se mantiene ganado lanar y vacuno; hay caza de liebres conejos y perdices. IND.: la agrícola y recriación de ganados. POBL.: 27 vec., 117 almas. CAP. PROD.: 756.000 rs. IMP.: 37.800. CONTR.: 2,094.”

En los veinte años que median entre los censos de Miñano y Madoz, el pueblo perdió 50 habitantes, una tendencia iniciada en el siglo XIX, pero que continuaría en las décadas siguientes. En 1975 la aldea sólo contaba con 15 habitantes y en el censo de 1990 todavía tenía 9 vecinos. En los años de 1930, Torrecilla del Ducado se separó del municipio de Olmedillas y pasó a formar parte del de Sienes. Este último municipio tiene hoy tan solo76 habitantes y de los tres núcleos que lo forman, dos están abandonados: Tobes y Torrecilla del Ducado.

En el kilómetro20´61 un cartel me informa de que he salido de Guadalajara y entrado en Soria. La carretera parece más

,un camino asfaltado.

En el kilómetro 21,87 llego a la localidad de Conquezuela. Comarca de Arcos de Jalón , de la  Comunidad Autónoma de Castilla y León, su ayuntamiento esta agrupado al de Miño de Medinaceli. Se encuentra en las estribaciones de la Sierra Ministra al sur de la provincia y tiene una altitud de 1.152 metros. Limita al sur y al oeste con las localidades de Olmedillas y Sienes pertenecientes a la provincia de Guadalajara. Conquezuela es el último pueblo de Soria, en ésta parte de la provincia, y hace frontera con la provincia de Guadalajara; hasta el punto, de que en tiempos perteneció a la diócesis de Sigüenza.

El valle donde se encuentra ha sido ocupado por el hombre, al menos desde el neolítico. En un roquedo, cercano a la ermita se pueden observar petroglifos y figuras antropomorfas excavadas en la roca. Parece que la población como tal, tiene su origen como atalaya árabe. Posteriormente perteneció al Ducado de Medinaceli. A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional en la región de Castilla la Vieja que en el censo de 1842 contaba con 30 hogares y 112 vecinos. En el año 1981 contaba con 40 habitantes, concentrados en el núcleo principal, pasando a 5 en 2010, 2 varones y 3 mujeres. A finales del siglo XX,  este municipio desaparece porque se integra en el municipio de Miño de Medina, contaba entonces con 45 hogares y 151 habitantes. Su Iglesia Parroquial de Santa Águeda según dicen tiene trazos árabes. Terminada mi visita a este bonito pueblo sigo hacia Miño de Medinaceli.
 

En el kilómetro 24,25 paro a visitar la Ermita de Santa Cruz de Conquezuela. Al pie de unos cortados rocosos en el que acostumbran a anidar las rapaces y ante el paisaje de campos fértiles en donde antes hubo una laguna, ahora desecada. Se trata de un lugar con indudable encanto, en el que ha habido distintos cultos religiosos desde el principio de los tiempos.

Junto a la cueva, al fondo de la cual se encuentra un manantial, los diferentes grupos humanos que vivieron en la zona desarrollaron actividades de tipo simbólico en distintas épocas históricas. En las paredes laterales de la cueva se pueden observar paneles de grabados rupestres, donde se observan cazoletas, figuras humanas estilizadas y signos abstractos. Estas manifestaciones se engloban dentro del denominado arte esquemático, encuadrado cronológicamente en la Edad del Bronce, hace cuatro milenios. De época medieval se conserva restos de los mechinales de una techumbre de madera, un tramo de bóveda de cañón dentro de la grieta, y tumbas antropomorfas excavadas en la roca sobre el risco. Todo lo cual apunta a que existió un eremitorio en este lugar.

Ya en época moderna se edificó junto a la cueva la actual ermita, de planta rectangular, cubierta a dos aguas y puerta dovelada, a la que se acude en una romería desde las localidades del entorno. Los campos cercanos a la ermita están cultivados de girasoles que me acompañaran hasta Miño de Medinaceli. En el kilómetro 26´93 llego al cruce con la carretera que se dirige a Ventosa, que dista de este punto 4´3 kilómetros. Decido proseguir hacia Miño de Medinaceli, al que llego con 28,03 kilómetros.  Entro a esta localidad por una calle que se dirige hacia La Iglesia de la Transfiguración del Señor. Construido sobre un edificio románico tardío de una sola nave y cabecera rectangular, el actual edificio es de construcción gótica, con ampliaciones posteriores. De la construcción del Siglo XIII permanecen los muros perimetrales de mampostería rematados por una línea de cornisa, soportada por canecillos lisos. Llama la atención la espadaña almenada, erigida más por motivos estéticos que defensivos.

La puerta no está a los pies, sino en un lateral lejos del altar y el campanario está justo al fondo, al final de la cabecera. Al lado, y adosado a ella está el consultorio médico, que en tiempos fue la escuela del pueblo.

 

 

Miño de Medinaceli,  cuenta con ayuntamiento propio, de él dependen las cercanas poblaciones de Ambrona, Conquezuela y Ventosa del Ducado. A 1 de enero de 2010 la población ascendía a 100 habitantes, 55 hombres y 45 mujeres.

El núcleo del pueblo está al pie de unas peñas sobre una de las cuáles, el cerro Castillo, se yerguen los vestigios de un castillo-atalaya árabe de vigilancia para dar temprano aviso por medio de señales visuales a la guarnición de Medinaceli de cualquier avistamiento en los valles cercanos. En las mismas peñas, una necrópolis celtíbera contiene decenas de enterramientos antropomorfos. El castillo de Miño fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Castillo el 22 de abril de 1949.

 José Luis Latorre vecino de esta localidad, me hace de guía espontáneo y me lleva a visitar las ruinas de esa fortificación árabe y de los vestigios de la necrópolis celtíbera.

Un elemento importante en Miño es el agua. No en vano hay dos fuentes y cinco pozos . Una fuente está en el barrio de la estación y la otra en el pueblo.

 

Miño fue uno de los veintiocho pueblos que formaron parte durante siglos de los dominios de la Casa de Medinaceli en Soria, junto con, entre otros, Alcubilla de las Peñas, Ambrona, Arbujuelo, Avenales, Azcamellas, Beltéjar, Benamira, Blocona, Conquezuela, Corvesín, Fuencaliente de Medinaceli, Lodares del Ducado, Medinaceli, Salinas, Somaén, Torralba del Moral, Ures, Ventosa del Ducado, Velilla de Medinaceli y Yelo.

A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional, conocido entonces como Miño de Medina en la región de Castilla la Vieja que en el censo de 1842 contaba con 38 hogares y 150 vecinos. A mediados del siglo XIX, crece el término del municipio porque incorpora a Ventosa del Ducado. Durante el siglo XX, se llevó a cabo,  la venta de la totalidad de los lugares del señorío de la Casa de Medinaceli, más de 14.000 hectáreas en su momento, repartidas entre los veintiocho pueblos pertenecientes antiguamente a la misma. La venta se hizo en varias operaciones: en dos primeras ventas, que tuvieron lugar en 1902 y 1918 se vendieron aproximadamente cuatro mil hectáreas y entre 1966 y 1968 se vendieron las 10.000 restantes. En los años previos a estas últimas ventas los renteros ya sólo pagaban la contribución de las tierras, en la mayoría de los casos. La venta se hizo a una media de mil pesetas por hectárea, precio considerado por las partes intervinientes justo e incluso bastante bajo en casos como el de prados y dehesas. Para la adquisición de estas tierras se crearon distintas cooperativas, como la de San Miguel, en el caso de Miño de Medinaceli. A finales del siglo XX creció el término del municipio porque pasó a incorporar a Ambrona y Conquezuela. A principios del siglo XX, el paso por la proximidad de la línea del ferrocarril de Torralba a Soria, motivó la creación del Barrio de la Estación, que dista unos 700 metros del centro de la población. En este barrio de nueva creación se instalaron fábricas de harina, almacenes y comercio, lamentablemente desaparecidos cuando el tren dejó de detenerse en la estación, hace unas décadas.

En el kilómetro 29,17 llego al Barrio de la ·Estación. Estación del ferrocarril Torralba-Soria, inaugurado el 1 de junio de 1892, alrededor de la cual se desarrolló el Barrio de la Estación. La estación funcionó en sus últimos años como mero apeadero, dejando de tener paradas regulares desde mediada la década de los ochenta. Cruzo las vías por un paso elevado.

En el kilómetro 29,48 llego al cruce con Torralba y Ambrona que distan 7 y 3´5 kilómetros respectivamente. A Medinaceli me informa de que faltan 7 kilómetros y  Barahona está a 19 kilómetros.

 

Por fin llego a Medinaceli con 37 kilómetros. Situada a 1200 metros de altitud, en sierra Ministra oteando el horizonte, vigilando la encrucijada, se encuentra Medinaceli, Occilis para los Celtíberos, Mediolum para los romanos, Medinat Salin para los árabes y Medinaceli antes del Condado de Bernal de Bearne. Lo primero que me recibe es la Ermita del Humilladero, edificio renacentista, mandado construir  en el año 1569, por los Duques de Medinaceli. Está situado fuera del recinto amurallado y junto a la carretera por la que he venido desde Conquezuela. Desde la ermita aún me queda una cuestecica de subir, que discurre a los pies de las murallas y que termina ante el impresionante Arco Romano.

 

Desde el mirador que es el arco sobre la romana Vía 24, se divisa el camino Cidiano del Valle del Arbujuelo, camino natural a Valencia y tierras con las que comparten tradiciones como el toro Jubilo; toros de fuego, embolados o júbilos, tótems de purificación y continuidad de la vida, que se ha convertido en rito una vez al año, la noche del sábado más próximo al día 13 de noviembre, los medinenses reviven la fiesta profana, el mismo día que celebran a sus Cuerpos Santos, patronos de la villa.

El imponente arco romano de Medinaceli, es único en España y uno de los escasos arcos romanos existentes en Europa, con tres vanos. De estilo africano, es una construcción robusta, hecha de mortero piedra sobre piedra con bloques de arenisca, como otras grandes obras romanas de la época. Mucho se ha estudiado el motivo que llevó a levantar este arco allá por el siglo II-III, pues se perdió la inscripción de bronce que vendría a bien dilucidar la victoria exacta que le correspondería. Sus 8´10 metros de altura, sus 13,70 metros de largo y sus aproximadamente 2 metros de ancho y sus dos vanos, le han hecho valer ser el icono de señal que indica monumento en toda carretera o mapa español. Los arcos romanos se erigían independientes a cualquier obra  en las ciudades, eran elementos “sueltos” y simbolizaban victoria o triunfo sobre el contrario o haber causado las 5.000 bajas al enemigo y estos eran los motivos o moneda de cambio para que el Senatum, concediera el honor de inmortalizar la hazaña con un arco. Este arco además servía para marcar el límite entre el distrito administrativo Cluniense, al que pertenecía Occilis (Medinaceli), y Caesaraugustano, y tenía que ser visto desde la vía que pasaba a los pies del cerro en dirección a Caesaraugusta (Zaragoza)

 

“Medina Occilis” Ciudad del Cielo; cantada en el Poema del Mío Cid, e inspiración de múltiples poetas y artistas de distinta índole es un calidoscopio de culturas desde que hace 300.000 años moraran en ellas sus primeros pobladores, que no fueron otros que caballos, lobos, elefantes y mágicos uros, entre otros. Pero el asentamiento humano más antiguo y destacado fue el pueblo celtibero quien ya la denominara Occilis, amurallando doblemente su castro allá por el año 950 AC, y del que tan solo se conservan algunos restos.

El Imperio Romano descubre este castro celtíbero allá por el año 153 AC. Cuando el Cónsul Quinto Fulvio somete a su capricho la comarca del Jalón y Medinaceli le sirve de campamento de víveres. Tras la derrota que éste sufre en Numancia encuentra el rechazo de los habitantes de la ciudad y en el plazo de un año, otro Cónsul llamado Claudio Marcelo, la somete de forma definitiva.

Las calzadas amén de los cuatro puntos cardinales nos dirigen a las entradas que tenia la villa y aún se conserva algún atisbo de lo que fuera la unión con la Vía Augusta, camino a Numancia. Aún nos ofrece su agua la Fuente de la canal, sita en la antigua vía romana y obra hidráulica donde estos fabulosos ingenieros, ya construyeron un sistema de arquetas que separaban el agua del residuo. Bien merece una visita el Actual de Interpretación Arqueológica, donde descubriremos muchos secretos de tamañas obras.

El trazado de sus tortuosas calles nos lleva a imaginar cómo sería Medinaceli por el año 711, cuando su nombre era “Medina-Talmeida”. Eran tiempos de sangrientas guerras de las que hoy quedan leyendas como la del moro Almanzor y vestigios como el Nevero, sito en la ladera norte que no es sino un pozo abovedado donde se conservaban  los víveres. Sabemos que Abderramán III ordenó construir una fabulosa Alzáraba, hoy inexistente. Las murallas romanas se reconstruyeron y se abrieron pasos como la Puerta Árabe, con su característica ojiva rodeada de cal y canto. Muy cerca también en la zona oeste del pueblo, alrededor del castillo, hoy camposanto del Lugar, el Campillo de la Fortaleza debió ser la Alcazaba o sede del gobierno moro, donde estarían la medina con la Mezquita, la Madrasa o escuela de culto y las principales calles. Excavaciones recientes han descubierto en esta  explanad tumbas de la época y pasillos subterráneos que recorren bajo tierra los mil y un secretos que aún guarda la ciudad.

 

Otro día de mañana se ponen a andar,

A la cual dicen medina iban a albergar…

Cantar del Mío Cid-Cantar 2878.

 

Con este pasado en la historia, es lógico que mantenga joyas en su perímetro amurallado como su arco romano del siglo I, más de setenta casas blasonadas y las sorprendentes calles en hastial en torno a la Magna Plaza Mayor.

En su Plaza mayor se encuentran:

El Palacio Ducal, construido en el siglo XVI, de planta rectangular, se estructura en torno a un patio interior de dos pisos. En un principio dos torres laterales se alzaban sobre el edificio, pero fueron derruidas en el siglo XVI. La fachada fue diseñada por Juan Gómez de Mora en el año 1623. Renacentista, resalta su elegante y simétrica sobriedad. Destacan los frontones semicirculares de las balconadas y el escudo de los Duques de Medinaceli que se protege con una cornisa. Actualmente este palacio es el Museo Arqueológico, donde se puede contemplar los mosaicos romanos encontrados en esta misma plaza, junto a otro hallados en la Calle San Gil.

La Alhóndiga, es probablemente la construcción más antigua de la plaza. Realizada en el siglo XVI, fue edificio público, tanto económico como político, ya que la parte interior se utilizaba como alhóndiga, lugar donde se realizaban las transacciones, compraventa y almacenaje de grano, y en la parte superior se reunía el Concejo.

También albergó la cárcel del Partido Judicial. Como la mayoría de los edificios de Medinaceli, ostentan en su fachada el escudo ducal.

Se puede decir que en Medinaceli no quedan edificios de culto anteriores al siglo XVI, aunque documentos de 1196 nos indican que existían doce capillas. En el siglo XVI se construyó otra más y hoy en día podemos disfrutar de cuatro de ellas. Algunas cruces como la ubicada en la Calle de San Gil o la de San Nicolás, en las heras, nos muestran el emplazamiento de estos templos hoy desaparecidos. Los Duques de Medinaceli, por lo gravoso de mantener tanta iglesia, deciden reunificarlas y derruirla por tanto el legado románico de la villa, que quedó oculto bajo otras construcciones como por ejemplo la Iglesia de Santa María, antigua parroquia que fue ascendida a Colegiata y que delata su verdadero origen la cripta que aún hoy en día se conserva. Este edificio, de estilo gótico tardío tiene un gran porte y columnas octogonales que soportan una única nave en cuyo interior alberga uno de los más espectaculares ejemplos en rejería gótica, así como la hermosa talla policromada del Cristo que toma el nombre de la ciudad. Las religiosas Clarisas, monjas de de clausura del Convento de Santa Isabel, custodian el retablo del altar mayor de un estilo barroco tardío.

Después de haber disfrutado  de esta joya en piedra. Emprendo el viaje de regreso, haciéndolo por donde he venido.

 

Llegando  a Torrevaldealmendras con 75 kilómetros.

 

 

Las fotografías aparecen por orden de ruta.

 

Serafín Martín

 

Fuentes propias y:

 

www.clubrural.com/pueblos/guadalajara/sienes

http://soria-goig.com/Pueblos/pag_0528.htm

http://minodemedina.blogia.com/

 

http://www.soria-goig.org/VikensRobbot/Pueblos/

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Torrecilla_del_Ducado

 

http://guplazamayor.blogspot.com.es/2009/11/torrecilla-del-ducado.html(N.A. Abril, 1988)

Publicado por JOSÉ SERRANO BELINCHÓN

 

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