Ruta 0115

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Ruta 0115.- Castejón de Valdejasa, Castillo de Sora,  Montes de Sora, yacimiento de Icnitas de Sierra de Luna,  Sierra de Luna, y Castejón de Valdejasa.





Ruta 0115.- Castejón de Valdejasa, Castillo de Sora,  Montes de Sora, yacimiento de Icnitas de Sierra de Luna,  Sierra de Luna, y Castejón de Valdejasa.

El día 9 de Marzo de 2014 llevaba 9197 kilómetros.
En el kilómetro, 9,15 dejo la carretera para tomar el camino de  la derecha  hacia la paridera del Castillo de Sora.
En el kilómetro, 9,88, me desvío del camino principal y tomo el que se dirige directamente al Castillo de Sora.
En el kilómetro, 10,73 llego a la cima donde se encuentra el Castillo de Sora.
Inexpugnable es, ese castillo, por el lado sur, que es el que se ofrece a la vista del viajero, y también por el este e incluso por el oeste, pero no por el norte, donde encontramos un camino que asciende serpenteando por una suave ladera hasta la cima. Obviamente, es en este lado frágil donde se concentraron las obras de protección para asegurar la defensa: murallas reforzadas con contrafuertes circundando todo el recinto, puertas en recodo medio escondidas, sólidos torreones en los extremos, que por el otro lado miran al borde del abismo.
El edificio más destacado de todos los que componen el conjunto es la Torre del Homenaje o de la Celoquia, como se la denomina en la documentación. Se trata de una torre cuadrada, de no mucha altura, emplazada sobre un peñasco rocoso, en el que se excavó un piso inferior. Está construida en sillares de piedra bien escuadrada y asentada, en fina obra de cantería. Aunque su origen es medieval, ofrece un aspecto de obra renacentista porque fue reformada en el siglo XVI por orden de Martín de Gurrea y Aragón, duque de Villahermosa, dueño del castillo; en esta reforma se dotó a la torre de dos hermosos ventanales adintelados con decoración clasicista, muy sobria, en relieve. Por este motivo, se ha considerado siempre a Sora como un enclave un tanto atípico, de arquitectura militar renacentista: la última torre del homenaje construida en Aragón, se decía; posiblemente un capricho señorial en un nido de águilas.
Sin embargo, se trata de un castillo de origen musulmán, con restos bien visibles de aquella época. Quizá Sora cumplió una función defensiva y de control del territorio desde muy antiguo, pues el punto que ocupa posee un extraordinario valor estratégico. En primer lugar, porque desde su altura se divisa una gran extensión de terreno, del Prepirineo al Valle del Ebro, comprendiendo, hacia el Oeste,  la fértil vega del Arba y la vertiente aragonesa de las Bardenas; visibilidad que se ampliaba considerablemente con solo unas pocas atalayas o torres ópticas habilmente situadas en Monlora al Norte, la Plana del Castellar al Este, Tauste y el Santuario de Sancho Abarca o el Pico del Fraile al Oeste. Esta privilegiada situación le permitía un excepcional control sobre movimientos de tropas, escaramuzas o cabalgadas, en épocas en las que el factor sorpresa y la posibilidad de escapar una vez consumado el ataque eran claves para el éxito.
En segundo lugar, a sus pies discurría la calzada romana Caesarausta-Pompaelo (Zaragoza-Pamplona), la primera que se construyó tras la fundación de la capital del Ebro, vía de comunicación de gran importancia tanto comercial como militar. Además, en su más inmediato campo visual se encuentra Ejea de los Caballeros, la antigua Segia romana y musulmana Siyya, destacada población que Sora se encargaba de proteger.
En Sora, sin embargo, no han quedado restos anteriores a la etapa islámica. Hoy conserva de esa época dos torreones, uno de ellos ochavado y otro de planta cuadrada, más algunos muros de cerramiento y una antigua entrada en recodo al recinto, todo ello datable en el siglo IX, cuando esta zona padeció graves y continuos enfrentamientos entre la poderosa familia de los Banu Qasi, muladíes que señoreaban el territorio de las Bajas Cinco Villas hasta Tarazona y Tudela, de carácter fuertemente independiente, y el poder cordobés, decidido a no tolerar que nadie cuestionase su supremacía.
Sora tuvo que ser pieza clave en la conquista de Zaragoza desde Ejea, ya que tras la toma de esta villa por los cristianos, hacia 1105, se encaminó Alfonso I hacia el curso del Gállego, decidido a atacar Saraqusta de una vez por todas. Es poco arriesgado aventurar que El Batallador solo vería el camino libre para culminar este proyecto en el momento en que hubiera conseguido doblegar el único escollo de verdadera entidad que se interponía a su paso: la impresionante fortaleza sorana.
Tras la reconquista, Sora fue a parar a manos de tenentes reales que se encargaron de levantar nuevas construcciones, o de rehacer las que había, sumándoles una iglesia dedicada a San Miguel, como símbolo de la nueva dominación cristiana. Durante un tiempo la fortaleza dependió del monasterio de Santa Cristina de Somport, pero ya a mediados del siglo XIII pasó a poder de los Luna, linaje que ha poseído el castillo hasta hoy, si bien desde el XVI, por enlace familiar, los derechos de los Luna se integraron en el señorío de los Duques de Villahermosa.
Sora hubo de desempeñar algún papel destacado en las luchas que convulsionaron la frontera entre Aragón y Navarra durante la Edad Media, y sirvió también de bastión en las revueltas nobiliarias que desde finales del siglo XIII y en el XIV protagonizaron varias familias de ricoshombres, entre ellos los Luna, con motivo de la famosa Unión contra el monarca aragonés y en defensa de sus privilegios. Ya a comienzos del XV, este castillo volvería a verse envuelto en un nuevo episodio histórico, el de la rebelión de Antón de Luna en defensa de la candidatura de Jaime de Urgell al trono aragonés frente a Fernando de Antequera, aspirante que fue elegido finalmente en el Compromiso de Caspe. Antón de Luna, que no aceptó ese resultado, organizó una auténtica guerra civil en tierras aragonesas, más intensa incluso que la que se vivió en el Condado de Urgell, tierra natal del candidato frustrado. El rebelde resistió en Loarre con su prima y amante Doña Violante de Luna, sobrina del papa Benedicto XIII, que había escapado del monasterio de Trasobares, donde era abadesa, para pelearse contra el mundo junto a su amado. La antigua abadesa, de indomable carácter, quedó sola en Loarre y, tras una resistencia impresionante, acabó claudicando ante las tropas reales y fue llevada prisionera a Sora, donde estuvo encerrada unos meses dando la impresión a sus carceleros, por su fiereza, de que era una mujer "que tenía metido el diablo en el cuerpo".
En el XVI fue paraje de recreo para los Villahermosa, que a menudo acudían a estos montes a practicar uno de sus entretenimientos favoritos: la caza. Aquí murió una de las hermanas de don Martín de Gurrea y Aragón, llamado "el filósofo aragonés", motivo por el cual decidiría, tal vez, llevar a cabo la reconstrucción y reforma de la torre del homenaje dentro de la estética del Renacimiento.
El castillo fue vendido a los jesuitas a finales del siglo XVII, venta que fue recurrida por los herederos de los duques de Villahermosa hasta que por fin, varias décadas más tarde, ya a mediados del XVIII, volvió a sus manos. Sin embargo, por considerar que aquella venta se había llevado a cabo con menoscabo de los derechos del linaje, se arrebataron los derechos sucesorios a la rama de la familia que los poseía y se entregaron a otra; se dice pues, con razón, que si los duques son hoy los que son, se lo deben precisamente a Sora.
Mientras, en los cincuenta años, aproximadamente, que esta fortaleza y su monte fueron administrados por los jesuitas, se aprovecharon las rentas que se obtenían de sus pastos, caza, leñas y derecho a hacer carbón para decorar, con la magnificencia que hoy puede verse, la iglesia zaragozana de San Carlos Borromeo, sede del colegio de la Compañía de Jesús y principal joya barroca de la ciudad.
Refugio de tropas durante las sucesivas guerras habidas entre los siglos XVIII y XX, y escondite de bandoleros en numerosas ocasiones (hasta el punto que desde la prensa aragonesa se pidió a los duques públicamente su demolición), el castillo de Sora ha llegado a nuestros días en estado de ruina pero manteniendo su imponente estampa, una de las más emblemáticas, y sin embargo desconocidas, de las Cinco Villas. Terminada mi visita, y muy a mi pesar debo partir.
En el kilómetro, 11,59, salgo al camino principal de la Paridera del Castillo de Sora, donde decido seguir por la derecha en dirección a Sierra de Luna.
En el kilómetro, 12,15 balsa a la izquierda. Siguiendo hacia el Corral de Aniceto que queda a mi derecha hacia, sigo hacia el Corral de las Agudas, por el Camino de los Rasos de Ramón, que discurre paralelo al Barranco de Las Agudas.
En el kilómetro, 20 , llego al cruce de caminos del Barranco de la Fuente del Raboso,  donde hay una balsa a la derecha.
En el kilómetro, 22,55 llego al yacimiento de Icnitas de Sierra de Luna. Están situadas en una loma, para lo que se accede mediante una senda, con tramos de escalera, a base de tierra compactada y retenida mediante maderos, y en otras sendas con sirga en el lado derecho para ayudar en la subida. Después de los kilómetros que llevo en las piernas y la subida al Castillo de Sora, esta ascensión se nota. Estas huellas se conservaron, endureciéndose junto con la roca de la que forman parte, permitiéndonos observarlas actualmente en este yacimiento.
Este yacimiento, se descubrió a finales del siglo XX, en el monte Valdeliso, un yacimiento paleontológico de gran relevancia por ser uno de los pocos que se conservan en España y Europa con huellas de mamíferos de la Era Terciaria. Su cronología se establece gracias a un informe definitivo realizado por el Ayuntamiento de Sierra de Luna que ha determinado que las marcas corresponden a la edad terciaria, al Mioceno y por lo tanto tienen más de 20 millones de años. Tan solo existe un hallazgo de las mismas características en Logroño y casi ninguno más en el resto de Europa.
En este yacimiento se encontraron un gran número de Icnitas o huellas fósiles, que pertenecían, según expertos, a dos tipos de mamíferos. El primer grupo corresponde a pisadas de animales perisodáctilos, es decir, que presentan un número impar de dedos como mastodontes, rinocerontes, cérvidos. El segundo grupo es el de los artiodáctilos que tan solo tienen dos dedos como los de la familia del jabalí. En 2003 se catalogaron pisadas de Aragonienses, un équido herbívoro de hace 10 millones de años.
Las huellas han llegado hasta nosotros gracias a que este territorio era una zona de gran humedad en el suelo, lo que propició que los animales hundieran sus patas en él. Se pueden visitar gracias a los trabajos de limpieza y acondicionamiento realizados en el yacimiento. A ellas se accede mediante un camino vallado y se explican con paneles y mesas de interpretación. El Ayuntamiento y la Comarca han señalizado el hallazgo paleontológico y han colocado paneles informativos.

Las rocas que veo en este yacimiento y las icnitas que  se pueden ver impresas en él. Se formaron en el Mioceno hace aproximadamente 12 millones de años. En el entorno de esta zona convivían, con los animales productores de icnitas del yacimiento, una gran cantidad de especies de animales como por ejemplo: El Bunolistriodon y el Procervulus. El clima en ese momento era más cálido y seco que el actual, aunque en esta zona existían lagunas, ríos y canales procedentes de las cumbres cercanas, donde los animales bebían y comían caminando sobre sus orillas embarradas. Esta zona se encuentra en la cuenca sedimentaria del Ebro. Desde hace 30 m.a, es una depresión que se rellena poco a poco con sedimentos erosionados  y transportados por los ríos procedentes de las cadenas montañosas circundantes. Los materiales que forman este yacimiento se depositaron hace unos 12 m.a. Los animales al caminar sobre zonas embarradas que existían en esta zona dejaron sus huellas sobre el barro, y éste al transformarse en roca, conservó su forma hasta la actualidad permitiéndonos observarlas.
Los materiales sobre los que se asienta el yacimiento de Sierra de Luna fueron, en su mayoría, parte del Pirineo primitivo. Al igual que en la actualidad, en el momento de la formación de este enclave, los ríos formados por el deshielo de las nieves acumuladas en las cumbres del Pirineo y Macizo Ibérico, ejercían un lento pero efectivo proceso de erosión y transporte de materiales que depositaban en la depresión del Ebro. Este proceso genero a lo largo de millones de años, el relleno de esta depresión formando lo que actualmente constituye esta zona y todo el valle del valle.
Las icnitas que podemos contemplar en Sierra de Luna  son: Tridáctilas (3 dedos) de 10 a 25 centímetros de longitud. Producidas posiblemente por un Palaeotherium mágnum. Era un mamífero primitivo del grupo de los Paleotéridos, con pezuñas y dedos impares, que podía alcanzar los 2,5 metros, y con un modo de vida similar al de los actuales rinocerontes.
Plagiolophustipus, cuyas huellas son similares a las anteriores, pero más pequeñas y con una longitud siempre mayor que la anchura. Con una longitud de 10 a 20 centímetros. El Plagiolophustipus, era un mamífero primitivo con pezuñas y dedos impares similar a un caballo primitivo de talla pequeña a media.
Las huellas didáctilas (2 dedos cortos y robustos) son del Anoplotherium. Con una longitud de 10 a 20 centímetros y 10 a 15 centímetros de anchura. Era un mamífero primitivo con pezuñas y dedos pares, sin representantes actuales. De talla pequeña, ancestro de animales como, cerdos o jirafas, herbívoro gregario. En la época geológica del Mioceno Sierra de Luna era similar a una sabana africana actual en la que habitaba una gran diversidad de especies animales que acudían a los ríos y pequeños lagos momento en el que dejaban impresas sus huellas.
En el kilómetro, 26,27, por el Camino  a Sierra de Luna, el camino desemboca en la carretera CV-851 a la altura de la entrada  a dicha localidad, sin entrar a ella. Aún así no está demás una breve descripción de ella. Sierra de Luna asienta su caserío a una altitud de 400 metros sobre el nivel del mar, al pie de los montes de Zuera  y de Castejón en la falda de la sierra de Luna donde toma su nombre. Cuenta con una población de 291  habitantes. Se puede contemplar su iglesia parroquial de Santa Águeda de grandes dimensiones.
Como decía no entré a Sierra de Luna tomando rumbo por la  CV-851, hacia Castejón de Valdejasa.
En el kilómetro, 33, llego al Alto del Corral de la Contienda, desde donde inicio el descenso A Castejón de Valdejasa principio y final de la etapa de hoy, llegando a esta localidad con un parcial total de 40,15 kilómetros.
Las fotografías aparecen ‘por orden de ruta.
Serafín Martín.
Fuentes propias y:
http://cultura.dpz.es/es/arte-en-la-provincia/castillos/castillo-de-sora
http://www.caiaragon.com/es/rutas
Colección Rutas CAI - Nº 44  Cinco Villas  Edita CAI – PRAMES.
http://www.patrimonioculturaldearagon.es/bienes-culturales/yacimientos-de-icnitas-de-mamiferos#link-historia
http://www.ejeadigital.com/  
http://www.comarcacincovillas.com/sierradeluna.php




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